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"Crimen y castigo", de Dostoievski a Tezuka

La adaptación al manga del clásico ruso

Por: Matias Mir - 12 Ago 2020 Se lee en: 7 mins
Crimen y castigo

Corría el año 1953, y mientras Osamu Tezuka, al que se vuelve obligatorio mencionar como el manga no kamisama (“Dios del manga”), trabajaba en “Kimba, el león Blanco”, “Tetsuwan Atom” (la famosísima “Astroboy”), empezaba a cranear “Ribon no Kishi” (la también notable “Princesa Caballero”) y producía quién sabe cuántas historias unitarias más para rellenar espacios en revistas, tiene la idea de dibujar una adaptación al manga de Crimen y Castigo, el clásico de la literatura rusa del siglo XIX. No era la primera vez que Tezuka había hecho adaptaciones literarias (por ejemplo, ya había producido unos cuántos años antes su versión de la novela de Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro, con su “Nueva isla del tesoro”), pero lo que llama la atención de su versión de la magnum opus de Dostoievski es cómo decide reinterpretar la obra.

Es sabido que el kamisama, tras alcanzar cierto prestigio con las historias infantiles y para todo público, en respuesta al movimiento gekiga de a poco fue transicionando a obras con cierta aura más adulta, con menos censura de violencia física, de escenas de índole sexual o apelando a lo psicológico y lo espiritual. “Alabaster”, “Oda a Kirihito”, “El libro de los insectos humanos” y unos cuántos más títulos y miles de páginas de historieta dan fe de ese cambio. “Tsumi to Batsu” (“Crimen y castigo”) no pertenece a ese periodo, sino a uno más de diez años anterior, y eso se nota bastante en las decisiones que toma al hacer la adaptación, una versión reinterpretada, resumida y, principalmente, orientada a su público usual de la época: el infantil.

Crimen y castigo Tezuka Dostoievski
Ediciones en castellano del manga y la novela.

La obra original de Dostoievski narra el viaje psicológico de su protagonista, Raskólnikov, entre que decide cometer su crimen y obtiene su castigo. La ejecución de este crimen, asesinar a una vieja usurera, lo lleva a sufrir la culpa, el arrepentimiento, la paranoia y hasta la demencia, y tiene que atravesar su infierno personal mientras, además, vive distintos dramas que ocurren a su alrededor a su familia y allegados. La novela, originalmente publicada en doce entregas en 1866, está admitidamente inspirada por Los Miserables de Victor Hugo, y responde a su vez a una evolución en las temáticas que manejaba Dostoievski y que seguirían evolucionando hasta llegar a "Los hermanos Karamázov".

¿Y en la versión de Tezuka? La primera gran diferencia está en la adaptación formal. Tezuka resume una novela que en cualquier edición legible ronda las 600 o 700 páginas de prosa en unas 120 de historieta. Eso lleva, por supuesto, a una enorme reducción de la trama: varias escenas que se fusionan en una sola (por ejemplo, la muerte del caballo y el atropellamiento de Marmeládov, Tezuka los reduce a un mismo atropellamiento-muerte de caballo), personajes que se fusionan (principalmente, Svidrigáilov que en el manga cumple su propio rol actancial y el que en la novela cumpliría Lebeziátnikov) y eventos que suceden con una rapidez y un dinamismo que hacen que este one-shot tenga un ritmo frenético, una entrada y salida de personajes constante que hace tanto a la comedia como a la confusión del lector desprevenido.

Crimen y castigo Tezuka
Unos chistes muy Tezuka.

Lo de la comedia es un punto importante. Para aligerar de alguna forma el concepto que está contando, Tezuka recurre a varios elementos cómicos muy típicos de sus obras más orientadas al público infantil. Personajes con diseños ridículos, varias rupturas de la cuarta pared, chistes de juegos de palabras y mucho humor físico (lo que diríamos slapstick). Ese ritmo esquizofrénico con el que los personajes aparecen y desaparecen, cómo empeoran cada situación que buscan solucionar y el hecho de que toda escena de personajes reunidos acaba por terminar en caos le funciona muy bien y no está tan alejado de la novela original, donde abundan los diálogos ridículos y las acciones más inesperadas. Por ejemplo: “tomó la botella, y, sin más ceremonias, fue y la arrojó por la ventana” es una línea fuera de contexto que no tiene ningún tipo de respuesta en ninguno de los personajes presentes. Más allá de lo “resumido”, Tezuka capta muy bien el espíritu caótico de los barrios más desafortunados de San Petersburgo que sirven de contexto a la historia.

También en búsqueda de apelar al público infantil, el mangaka mete de alguna forma escenas de animales y elementos antropomórficos, muy al estilo de la Disney que tanto lo inspira. Escenas de ratones probándose joyería o un romance entre una polilla y una flama metafórica ocupan algunas páginas.

Crimen y castigo Tezuka
Momentos de distención a lo Disney.

Aunque sea simplificado, el carácter de Raskólnikov se mantiene intacto. El mayor atractivo de Crimen y castigo, en cualquiera de sus múltiples adaptaciones, siempre recae en el descenso al infierno psicológico de su protagonista. Raskólnikov es un joven estudiante que tiene sus propias teorías sobre la sociedad y sus miembros (incluso publicó su tratado sobre la diferencia entre los “genios” y el pueblo llano), es ateo y se maneja en una movida intelectual nihilista. Su crimen va en contra de la ley, pero él cuestiona la existencia de ciertas leyes. Racionalizando sus acciones al extremo y eliminando todo rastro de sentimentalismo, se siente capaz de cualquier cosa y eso lo vuelve arrogante, pero después de cometer el crimen descubre que él no es uno de sus “genios”, solo un tipo más cargado de culpa, no por romper la ley sino por haber pecado, haber cometido un crimen que va más allá de las leyes y que tiene que ver con su conciencia como ser humano.

Si hay una dualidad en el crimen, entonces también hay una dualidad en el castigo. Llegar a ser descubierto o confesarse es el lado más terrenal, pero el verdadero castigo, el del alma, es el que sufre al tratar de vivir una vida normal con la conciencia de tener las manos manchadas de sangre. Como expresa muy bien cerca del final de la novela:

“Pero esos individuos [los “Genios”] siguieron adelante y luego tuvieron razón, mientras que yo no resistí y, por lo tanto, no tenía derecho a dar ese paso”. Vean en lo que únicamente se reconocía él culpable: solo en no haber persistido (…).

Crimen y Castigo Razkólnikov Tezuka
El Raskólnikov de Tezuka: paranoico y desesperado.

Tezuka dibuja a un Raskólnikov frenético, que no para de moverse nunca y de maquinar y envolverse en sus propios pensamientos. El principio del manga resume toda la primera parte de la novela en unas pocas páginas en las que la mitad de las viñetas corresponden a él caminando y la otra a sus pensamientos y su predicción de los eventos que están por suceder. El kamisama transforma visualmente lo que son párrafos y párrafos de hilos de pensamiento frenéticos en viñetas “con forma de nube” que ocupan media página.

Si hablamos de trucos visuales con los que Tezuka adapta la novela, tal vez el más llamativo e interesante es el recurso de la cámara fija. La obra original de Dostoievski transcurre en una cantidad limitada de escenarios (el cuarto de Raskólnikov, la taberna, la casa de Marmeládov y la casa de Justicia ocupan un enorme porcentaje de los espacios) que van rotando, y solo cambia la combinación de personajes que se sientan a, básicamente, charlar en ellos. Esa característica hace pensar en el teatro, y de hecho fue adaptada a una premiada obra dramática en 2007. Tezuka vio el potencial teatral de las desventuras de Raskólnikov y desarrolló varias escenas en las que la “cámara” no se mueve, y son los personajes los que “actúan”. En su introducción a la edición española, Yamada Tomoko resalta:

“En esta parte de la historia tiene lugar una especie de escenificación teatral (…). Los decorados son fijos, y el lector contempla, inmóvil (como si de un miembro del público se tratara), el transcurso de los acontecimientos”.

La idea de pensar a Crimen y Castigo como una obra de teatro dibujada tiene también dos aristas más. La primera, que Tezuka pensaba a varios de sus personajes como “actores” en un casting rotativo que interpretaban distintos personajes en su bibliografía (por ejemplo, el Duque Rojo, que aparece en “Metropolis” y “Buda”, interpreta acá a Porfiri). El otro detalle es que el propio Osamu Tezuka participó en la universidad en 1947 en una obra de teatro basada en Crimen y castigo, interpretando a uno de los pintores.

Otro gran atractivo de la novela que se mantiene en la versión manga es el enfrentamiento intelectual entre Raskólnikov y Porfirii Petróvich, el juez que decide perseguir el caso de la muerte de la usurera basado en su intuición. Entre estos dos personajes se forma una relación muy tensa que recuerda mucho a la de L y Kira en Death Note, la genial obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Uno de ellos es un asesino y el otro una fuerza de la ley, y ambos saben que el otro sabe la verdad del crimen. A partir de ello, nacen elevadísimas conversaciones entre el asesino y el juez, en las que Porfirii intenta por todos los medios argumentales hacer que el otro confiese su crimen.

Crimen y castigo Tezuka
Raskólnikov y Porfirii.

Ningún análisis del “Crimen y castigo” de Tezuka puede dejar de hablar del gran contexto en el que ocurre. En el manga se agrega un elemento que sí diverge bastante de la obra original y es la Revolución Rusa. Tezuka sitúa la acción en los días previos a la Revolución y le justifica a su joven audiencia que el desencanto en los barrios bajos de San Petersburgo es consecuencia de una administración corrupta y sitúa en ese elemento político todos los descontentos sociales que envuelven a los personajes. El asesinato de Marfa Petrovna (elemento crucial para las tramas de Dunia, Svidrigáilov y Luzhin) es reducido al asesinato de una ricachona en pos de la revolución. El clímax final del manga comienza con la intervención de Svidrigáilov como agente revolucionario y los cañonazos que dan inicio a una revuelta estudiantil (tal vez un homenaje de Tezuka a la escena cerca del final de la novela en la que Svidrigáilov escucha los cañonazos que alertan de la crecida del río que amenaza con hundir los barrios bajos).

Aunque la obra original se ha interpretado en ocasiones como una denuncia política de las condiciones sociales de los más carenciados de Rusia, le es imposible en 1866 describir cronológicamente los sucesos de la forma en la que lo hace Tezuka, ambientando la obra en 1917, en los primeros días de la Revolución de febrero, antecedente de la histórica Revolución de octubre.

Con todo y sus alteraciones, el manga de “Crimen y castigo” es una lectura muy entretenida. Por supuesto que no se acerca a los trabajos más gloriosos de Tezuka, pero eso no le quita ser una historieta interesante y, como todo lo del manga no kamisama, adelantadísima a su época en temáticas y recursos. Todo lo que pierde en páginas de historia lo gana en intensidad, humor y espíritu, y es un atractivo complemento a la lectura del clásico de Fiodor Dostoievski.

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