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La extraña historia de la Isla Panorama

Suehiro Maruo brillando con otro disfraz

Por: Tomas Bianchi - 19 Ene 2018 Se lee en: 3 mins
La extraña historia de la Isla Panorama

Suehiro Maruo es un mangaka que no hace manga para todo el mundo. Con esto no me refiero a que sus obras sean pantanos densos en los que solo unos pocos iluminados pueden disfrutar del barro sino que las temáticas fuertes de sus obras, esos planteos de perversiones extremas y paisajes que rozan lo infernal, pueden espantar al que sea más aficionado a los mangas que deambulan por los pasillos más mainstream del mercado. Maruo no genera mangas para intelectuales ni mucho menos, sus objetivos son claros y aunque muchas de sus historias vuelen por campos surrealistas, lo que el autor busca es mostrar los lugares más oscuros que puede llegar a transitar la mente humana. Nada más y nada menos. El shock cargado de una fuerte denuncia social. Ah…y mucha teta, pija y sangre como para llenar un camión cisterna.

Si bien es conocido como el maestro del Ero-Guro, hoy me voy a dedicar a recomendar una obra suya que se aparta casi completamente de lo grotesco y del gore reinante en sus obras que más pinchan al estómago: La extraña historia de la Isla Panorama.

Esta obra fue editada en español por la desaparecida editorial Glenat en España, luego por EDT y hoy se consigue editada por ECC Ediciones, dentro de su línea de manga de autor.

El manga es una adaptación de la novela del mismo nombre de Edowaga Rampo (el Edgar Allan Poe japonés que redefinió la literatura de terror y misterio en Japón allá en la primera mitad del siglo XX) y nos sitúa casi al final de la Era Taisho (año 1926) en plena época en la que Japón empezaba a ser influenciado por las ideas y culturas norteamericanas. El protagonista de la obra, Hirosuke Hitomi, es un escritor bastante mediocre que lleva una vida bastante lamentable, hundido en pensamientos utópicos y románticos. El rechazo que siente hacia los cambios que está sufriendo su país lo llevan a sumergirse en la idea de crear un paraíso terrenal, un lugar que él cree que sería el ideal para los hombres como él, en donde fluyan las fantasías y el placer libremente. Lamentablemente al no tener un mango, toda la ilusión queda ahí: en una ilusión boluda que nunca va a poder ser real.

Todo se da vuelta cuando recibe la noticia de que un antiguo compañero de universidad, Komoda Genzaburo, acaba de fallecer, dejando una atrás una cantidad de guita incalculable. Hitomi corre con una ventaja: el fallecido y él guardan un parecido físico excepcional, como si en realidad fueran gemelos.

Con este giro argumental, Hitomi se transforma en Genzaburo y se hace pasar por él, en una especie de engaño a toda la comunidad en plan de “resurrección”. El sueño de la construcción del paraíso que siempre quiso se vuelve real gracias a toda la plata que tiene a disposición.

Como había comentado antes, acá Maruo se aleja de los espectáculos mórbidos de sus obras más extremas. Acá no hay desmembramientos, ni sexo necesariamente gráfico o con tintes violentos. Tenemos en cambio un relato mucho más calmado que es manejado por las motivaciones de Hitomi que se nos presenta como un tipo sumamente calculador y como una especie de forro sideral que con tal de conseguir lo que quiere es capaz de hacer cualquier cosa. Y aunque me pareció en todo momento un personaje lamentable y muy guacho, es posible entender porque es como es y el porqué de sus planes. Sumamente inteligente y sumamente forro. Una mezcla perfecta para un manga que se construye como un thriller psicológico que busca también crear escenarios llenos de fantasía y evocaciones perturbadoras. Sin mostrar gore, repito.

¿Lo más fuerte del manga? El dibujo, obviamente. Acá Maruo despliega todo su talento y deja todo en cada una de las páginas. Con un trazo fino y detallista, el autor nos vuela el coco con los paisajes que pueblan la isla que el personaje crea dentro de la historia. Los acantilados, las escaleras, los interiores y esa sensación de “este es el paraíso posta” que escupe cada página, son delineados con mucha magia por un Maruo que probablemente estaba en su pico de inspiración. Las escenas en las que Hitomi camina por los pasajes submarinos de la isla, junto a su “esposa”, son en donde Maruo, en mi opinión, brilla como nunca.

Hay un estudio de época brillante en los atuendos de los personajes y las pocas escenas de sexo que aparecen durante la obra, tienen un erotismo y delicadeza desbordantes.

Podría llegar a pensarse que el autor insignia del Ero-Guro nomás puede quedarse en lo más sangriento y trash de la cuestión, pero en este manga nos muestra todo lo contrario. Sin dejar de lado cuestiones humanas perturbadoras, hace un estudio de personaje profundo y a la vez crea belleza en cada uno de los escenarios.

Para ir terminando: una obra atípica dentro de la bibliografía del gran Suehiro Maruo, que no posee todos los vicios insignia de sus laburos, pero que resulta de interés igualmente. Y de yapa, una historia sobre la ambición y sobre la ética y la moral.

Ideal para adentrarse en la obra del maestro o para agregarla a las demás que descansan en los estantes.

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