Ningen Konchuki (El Libro de los Insectos Humanos)
Manga

Ningen Konchuki (El Libro de los Insectos Humanos)

Repasamos y analizamos esta gran obra de Osamu Tezuka

Por: Carmilla de Le Fanu - 28 Nov 2017 Se lee en: 5 mins

“Hace siete años el nombre de Toshiko Tomura empezó a aparecer en la prensa. Ain no tenía ni veinte años, pero ya era una actriz prometedora. Pertenecía a la compañía de teatro Claw y era la número uno de entre los actores jóvenes. Pero hace un par de años, y de manera inesperada, consiguió el reconocimiento premio internacional de la academia de diseño de Nueva York. Para ser una diseñadora aficionada, era demasiado buena. Los medios de comunicación la empezaron a tratar como un genio. Y por si esto fuera poco, ha escrito como pasatiempo su primera novela, El Libro de los Insectos Humanos, publicada el año pasado en Gunsei y por la cual se ha alzado con el premio.”

Este es un recuadro de voz en off que podés encontrarte apenas llegás a la decimaquinta página (página 20 si tenés, como yo, el mismo tomo recopilatorio publicado por Astiberri Ediciones) de esta historia narrada y dibujada por Osamu Tezuka, indiscutible Dios del Manga. Nombrada originalmente al japonés como Ningen Konchuki (人間昆虫記 – Insectos Humanos), se trata de una historia extendida por más o menos 360 páginas. De vertiente Gekiga (劇画 - un manga de relato más realista), esta historia fue lanzada originalmente el 9 de Mayo de 1970 hasta finalizar un 13 de Febrero de 1971. Cuenta así con lo que podríamos llamar cuatro capítulos: La cigarra de primavera, El pulgón, El coleóptero y El Grillo. Sin una necesaria distribución homogénea de páginas entre estos, cada capítulo hace relación entre la característica principal de la protagonista (más adelante a explayar) e insectos que mudan de piel y se trasforman (además de poseer una gran agresividad). Si Seth Brundle, protagonista de la película The Fly, bromeaba con ser el primer “insecto político” es porque queda en claro que no tuvo nunca la oportunidad de leer la obra protagonizada por Toshiko Tomura.

Pero volvamos al recuadre en off de la página 15 de este relato, un pequeño spoiler que me tomé la libertad de exponer para ahorrarme un poco la sinopsis, que de todas formas no nos revela demasiado sobre la trama. Y sí, no te dice nada sobre cómo es realmente Toshiko, así como tampoco da a conocer otros personajes repetidos en la historia. Como Hyoroku Hachisuka, antiguo director de compañía del teatro Claw. O sobre Ryotaro Mizuno, diseñador de ropa…personas de mucho talento y éxito en sus respectivos campos, hasta que ella los absorbió. Porque eso es lo que no nos revela dicho recuadro: Toshiko tiene la violenta capacidad de imitar y hasta robar los trabajos de otros (incluso llevarlos a su propia destrucción si es necesario).
Acercándose e imitándolos, gradualmente ella se va impregnando de la vida de las otras personas hasta hacerlas suyas. Es así que a lo largo de los cuatro capítulos se contemplará como la existencia de distintos individuos se verán pisoteadas por la competitiva metamorfosis de Tomura. Y es que la misma historia comienza con una de esas vidas ajenas destruida. Durante la gala de premiación a Toshiko con el premio Akugatawa, uno de los reconocimientos literarios más prestigiosos de Japón, Ryotaro irrumpe en el lugar solo para avisarle a ella que Kegeri Usaba, su antigua compañera de piso, se ha suicidado. Con solo eso el mismo lector ya puede ir intuyendo lo sucedido a fondo. Pero bueno, me detengo de seguir contándoles la historia ya que no se supone que se las relate entera.

Un importante dato de color a destacar es que las referencias a animales e insectos está muy presente en lo largo del relato. No tan son solo en los títulos de los cuatro capítulos que la conforma, sino que los nombres de varios personajes encierran dentro suyo kanjis concernientes. Un buen ejemplo es el personaje de Hachisuka quien comienza con el kanji de Hachi (ハチ – Abeja). Y es que, además de la obvia metáfora al propio título, Tezuka era un aficionado a los insectos (a diferencia mía que solo los mato pese a sentirme identificado. Pero creo que de eso podría hablarles luego.)

A lo técnico y visual estamos ante una obra de esa etapa en donde el Dios del Manga se puso a hacer títulos más “adultos”. Con su remarcado dibujo con estilo cuasi homenaje a Walt Disney pero estilizado de una forma que parezca menos infantil que obras anteriores, el lápiz de Tezuka aun hoy nos sorprende por esa capacidad de meter personajes muy caricaturescos. Personajes que gracias a sus remarcadas expresiones, en vez de romper con el halo maduro del relato nos ayuda a quedarnos inmersos en la clase de historia que su autor nos deseaba contar. El manejo de planos, cuadros y onomatopeyas “experimentales” es grandioso. Pongo experimental entre comillas porque es obvio que aquel hombre ya estaba lo suficientemente veterano en ese terreno ¡Por favor! ¡Estoy hablando del tipo que definió cómo sería el manga y anime desde mitad del siglo pasado hasta hoy en día! Sencillamente está de más que les diga que se van a encontrar con una obra impresionante visualmente. Y si no leíste ninguna obra de él ¿Qué estás esperando? ¡Léete este manga! ¡O Apollo no uta (la canción de Apolo)! O algún número de Astroboy o Black Jack. Muchas veces una obra suya puede llegar a ser larga. Pero jamás tienen desperdicio. Y te lo digo como alguien que no ha leído suficiente de él y aun así tiene la completa seguridad, como así convicción, de estar acertando.

Ahora, respecto al mensaje que evoca El Libro de los Insectos Humanos, comenzamos con un título muy contundente. La novela por la que es galardonada Toshiko es un simple macguffin que comparte nombre con la obra a la que pertenece. Los variados personajes con nombres relacionado a insectos nos llevan a hacer una comparación de nosotros con aquellos: Cada uno con medios propios para llegar a nuestros fines particulares. En el caso de la protagonista es el de la continua metamorfosis como así una completa falta de empatía con el resto de las personas. Todo con el fin de escalar más alto. De hecho, Toshiko se nos muestra como una psicópata envolviéndose de forma social. Su mirada algo entrecerrada, acompañada de una ligera sonrisa que denota creencia de total control de la situación (a veces sumando un característico “jujuju” de su parte) nos recuerda constantemente que estamos ante un personaje carente de compasión. Una persona que ni se inmuta por las consecuencias de sus actos completamente egoístas. Casi todo el que se relaciona con ella termina de la peor manera si no es lo suficientemente precavido. El único allegado que no termina mal será un personaje llamado Sesson Kabuto. Y todo por el simple hecho de que es tan o más reverendo hijo de puta que la propia Toshiko.

Esta obra me gustó mucho. No tengo mucha identificación con algún personaje en particular. Quizás algo con Ryotaro por ser “buen tipo”. Pero tampoco es como que sintiera una conexión profunda (al contrario de como mencioné en mi primer artículo en relación al personaje de Seth Brundle). Pero sí siento una completa fascinación con la idea de que las personas seamos relacionadas con los insectos. Seres de un conciente tan minimalizado al más puro instinto, que al final parecen carecer de tal; así como Toshiko hace muy de lado su propia moral.

Pero tanto ella como el resto de los personajes, muchos de aquellos inmorales como así algunos pocos no tanto, tienen algo que expresar por parte de Osamu Tezuka. Como ya he dicho en párrafos anteriores, el mangaka tenía una fuerte fascinación entomológica: es decir, una pasión propia por los insectos. Siendo a su vez paradójico que a lo largo de sus obras (y este manga no es para nada la excepción) plasme cierto mensaje de pesimismo respecto a la humanidad. Sería posible que con esta historia en particular, quizás, quisiera compararnos con los propios insectos para demostrarnos que no seríamos mejores que aquellos. Y si fuera así, entonces con quien me identificaría en todo este relato sería más bien con el propio autor. Porque si me pongo a reflexionar detenidamente, tanto como persona como fumigador, la humanidad sería tal cual nos leía el propio Tezuka: Como un libro de Insectos Humanos.

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