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Opinión: One Piece #1000

El Staff dialoga sobre el legendario número alcanzado por la obra de Eiichiro Oda

Por: Staff de Ouroboros - 27 Dic 2020 Se lee en: 16 mins
One Piece #1000

No todos los días un manga llega a los 1000 episodios publicados en una revista, y One Piece, aquel monstruo que comenzó su gestación gracias a Eiichiro Oda en el año 1997 en el semanario Shonen Jump, con mucho orgullo presenta en esta ocasión su capítulo #1000 tras 23 años de trabajo.

Actualmente en el arco del país de Wano (Wano Kuni), si bien hay un montón de cuestiones para responder, no se puede negar que la trama avanzó muchísimo, y probablemente estemos en marcha hacia una suerte de recta final. El protagonista, Monkey D. Luffy (conocido como Mugiwara no Luffy, Sombrero de paja Luffy) está en conflicto directo con dos de los emperadores del mar (Yonkou) y quizás de los personajes más poderosos vistos hasta el momento: Big Mom y Kaido. Mucho del pasado sobre el One Piece,  Gol D. Roger, Shirohige y el gran Kozuki Oden fue revelado. Portgas D. Ace conoció en el pasado a Yamato, hija de Kaido. La voluntad de D. (que aún no sabemos qué es) se está haciendo notar cada vez más, mientras seguimos dudando qué sucedió en el Reverie, lo ocurrido con Sabo y los Revolucionarios, cuál es la jugada del gobierno, qué ocurrió con los Shichibukai, qué trama Shanks y quién es Im, ese gobernante solo conocido por los cinco ancianos del Gobierno Mundial, quienes le sirven como único soberano del mundo. Ni hablar de los movimientos de Kurohige (Marshall D. Teach), el misterio que rodea al poder de sus dos frutas del diablo, cómo hace su tripulación para robarlas, y un sinfín de etcéteras y personajes que todavía no hacen su movimiento (como CrocodileDragon).

Sí, hay muchas interrogantes, escenas emocionantes y un bastante por mencionar, y el Staff de Ouroboros (en este caso Maximilaino Britos (MB), Matías Mir (MM) y Diego Labra (DL), comentarán su visión y panorama a futuro sobre este gran manga que fanatiza a millones a lo largo del mundo.

El inicio del viaje.
El inicio del viaje.

Del 1 al 999: La aventura de leer One Piece

MM─ Cuando uno, que es un adicto sin recuperación posible, se cruza con esos lectores que conocieron One Piece, lo consumieron en alguna de sus variantes (o sea, el manga o las inferiores), lo disfrutaron, llegaron a estar al día o hasta que se saturaron, suele darse un cruce al estilo “Ah, cierto, One Piece… ¿y? ¿Qué onda? ¿Ya llegaron al One Piece? ¿Ah, no? Qué paja, ¿no pasó los 20 años de serialización ya?” o similares. Confírmenme o no si no es así, pero la idea general que tienen los que no se pasan horas charlando sobre frutas del diablo, conspiraciones del Gobierno Mundial o la intrincada red de relaciones entre personajes que cruzan el Grand Line pierden la perspectiva de qué es realmente One Piece. Quizás hay lectores curiosos de esta nota que tampoco sean seguidores activos de la serie, así que déjenme que los ilumine aunque sea un poco.

One Piece es una aventura, sí, pero no solo en el sentido de que es una historieta aventuras. No, One Piece también es una aventura en sí mismo. Luffy sale a zarpar el océano en busca de un tesoro en el capítulo #1 y nosotros también. Se va enterando de cómo es realmente su mundo y nosotros con él. Consigue amigos que también se hacen los nuestros y los vemos en sus mejores y peores momentos. La aventura se alarga y la lectura, en consecuencia, también. En el canon del mundo de One Piece pasan años y en el nuestro también. Los personajes crecen y los lectores también. Cada montaña escalada, cada isla explorada, cada pelea, todo eso es algo que el lector tiene la oportunidad de hacer en una burbuja de tiempo real con Luffy y el resto, porque Eiichiro Oda es un genio y, más importante, una persona que entiende que las aventuras son más divertidas cuando uno puede vivirlas, así que hace magia en tinta para contártela de tal forma que vos la experimentes como si estuvieses ahí, arriba del Merry o el Sunny o del botecito de cuarta que consigan. Él, como Gol D. Roger, le dio inicio a esta aventura y desde otro plano sigue influenciándola.

Entonces, que One Piece tenga 1000 capítulos no es porque esté estirada, porque el autor no sepa a dónde llevar la trama o porque se haya quedado sin ideas. Si algo sobra en este manga son las ideas. Hay tantas que parece que chorrean de la página. Solo en Wano, Oda creó un país entero con todas sus regiones, sus ciudades, su cultura (basadísima, por supuesto, en el Japón feudal), sus ciudadanos, sus políticos, sus bandidos, piratas, conflictos económicos/ecológicos/políticos y una guerra secreta entre samuráis que viajan en el tiempo y piratas animales comandados por dinosaurios y un puto hombre-pez-dragón. El mundo de One Piece es tan grande que uno se olvida de hablar de Luffy o los Mugiwara. No, One Piece llegó a su capítulo #1000 por necesidad. Hay tantas cosas que tienen que pasar para que llegue a su final (el cual apenas podemos ambiguamente imaginar como una mega-guerra-imposible de visualizar entre fuerzas todavía envueltas en misterio y alguna alianza entre piratas y amigos) que siempre fue imposible que dure menos. ¿Y el One Piece? También por eso la historia duró tantos años y tantos años más va a seguir durando. ¿Qué tan interesante sería la revelación del tesoro más grande del mundo si la hubiéramos sabido a los 5 años de publicación como originalmente pretendía Oda? Mientras más se complica la cosa, mientras más difícil es escalar esta montaña, más épico, más impresionante, más histórico va a ser cuando llegue. Y, además, One Piece nunca se trató de llegar a la última isla. Ese es el objetivo, pero Luffy lo dejó muy claro en Sabaody con Rayleigh: si solo revelás el final, entonces no vale la pena perseguirlo. A Laugh Tale se va a llegar cuando se tenga que llegar, pero la diversión, la gloria en historieta, la magia del trazo, ese es el tesoro que se descubre todas las semanas con One Piece.

Hablando concretamente de números, pocos mangas superan los 1000 capítulos o, aproximadamente, los 100 tomos, sin ser historias episódicas y/o humorísticas, deportivas (es decir, pueden organizarse indefinidamente en partidos o torneos a lo largo de los años) y/o ser la suma de distintas partes o historias que forman parte de un “tronco” argumental principal (como ocurre, por ejemplo, con Capitán Tsubasa o Jojo’s Bizarre Adventure). En lo que refiere a contar una aventura continua y narrativamente consistente por un solo autor, One Piece es el rey. En los últimos años se celebraron, en Occidente, los capítulos #1000 de Batman y Superman, logros que tardaron aproximadamente 80 años en alcanzarse y con la necesidad de cientos de dibujantes, guionistas, coloristas, letristas e infinitos más colaboradores, mientras que One Piece, solo con Eichiro Oda y su equipo de asistentes, hizo lo mismo en cuatro veces menos tiempo. No digo esto para comparar calidad entre el cómic occidental de superhéroes y el manga shonen, sino para que se pueda comprender la magnitud de la empresa que fue llegar a este punto. Y, además, consiguiendo el récord mundial de “Mayor cantidad de copias editadas de la misma obra de cómic realizado por un único autor”. Lo más cercano en Occidente a algo así es Cerebus, de Dave Sim, o, próximamente, Savage Dragon de Erik Larsen, ambos de todas formas bastante atrás del Sombrero de Paja.

Capítulo a capítulo, revelación a revelación e isla a isla, los lectores de One Piece vamos a seguir en esta aventura de leer que es realmente incomparable a nada jamás existente. Como una especie de Game of Thrones diez veces más grande, apto para todo público y que no deja colgados a sus lectores, o un Tintín diez veces más largo y narrativamente continuo, o, simplemente, un pibe que se sube a un bote y sale a buscar el tesoro más grande de la historia para convertirse en rey de los piratas.

Yamato y Ace.
Ace no permite que nadie se ría del sueño de su hermano menor. Y Yamato asiente. 

MB─ Con semejante introducción que hace Matías, mucho no me queda para decir en este apartado, pero siguiendo con el tono personal, de lo que One Piece representa, rememoro cuando inicié esta gran lectura y me tengo que ir hacia el año 2004. Desde esa época estoy subido a bordo del barco de Luffy, exactamente la mitad de mi vida. Crecí con Luffy, lloré con Luffy y sentí que a mi semana le faltaba algo cada vez que Eiichiro Oda se tomaba un break semanal. Durante años evangelicé amigos y desconocidos por igual para que se unan a la tripulación más extravagante del mundo, miraba episodios del anime solo para recrear la acción desde otra perspectiva a las páginas blanco y negro, leía teorías en internet con otros usuarios sobre el futuro de la serie y discuto semanalmente el episodio de manga nuevo salido con gente en internet a la que ni le conozco la cara, pero que ya son parte de mi semana porque comparten mi fanatismo. Miles de cosas le pasan a uno en la vida, y pocas son constantes. One Piece es mi constancia más longeva y probablemente mi mayor fanatismo en el mundo de las viñetas.

Que One Piece llegue a los 1000 números es no solo algo para celebrar de forma numérica, es caer en la cuenta que hay gente que nació, creció y murió en el camino de la aventura más grande jamás contada. La aventura de un pibe que quiere ser el Rey de los Piratas y a estas alturas, pese a que en un principio más que un sueño parecía un capricho... ahora ya no es más el sueño de Luffy. Es el sueño de todos los lectores. Un sueño compartido. Porque si, además de aventuras, de algo se trata One Piece, es de los sueños. La única regla de la tripulación pareciera ser tener sueños por cumplir, y compartir un sueño en este caso, gracias a Eiichiro Oda, nos hace dignos de ser parte del viaje. Festejamos, lloramos y sudamos con nuestro capitán.

DL─ Mi historia con One Piece no es disímil a la de Maxi Britos. Tenía presenta la serie desde finales de los noventa por alguna mención en la Revista Lazer, por lo que cuando comenzó a emitirse el anime por Cartoon Network allá por 2004 me aboqué a verlo con avidez. Me enganchó lo suficiente como para que, una vez agotada la emisión televisiva (recordemos, basada en la hoy denostada “adaptación” de 4Kids que cambiaba digitalmente el pucho de Sanji por un chupetín), me fuera a un cyber a intentar leer /descargar lo que seguía. Este fue el inicio de una larga relación no solo con OP, sino con el scanlation. Creo que las otras series que busqué entonces fueron Naruto, también emitido en Cartoon y Gantz, cuyo arco final inventado me había frustrado de sobremanera cuando lo vi en Animax.

Desde entonces, creo que el manga transitaba el arco de Skypea, hoy mi favorito, fui leyendo durante la siguiente década la serie a los ponchazos, a veces semanalmente, a veces de a grandes cachos para ponerme al día, pues mi baja conectividad por entonces no me permitía seguirla de manera constante. Me gustaba la historieta, bastante, pero era una más quizás, entre las muchas que leía gracias a la generosidad de internet y esos santos anónimos que son los traductores y maquetadores pirata (sí, la imagen la invoco a propósito).

Pero no fue hasta hace unos 5 años que di con un artículo en inglés en un blog, en el cual el autor armaba patrones y figuras con lo que para mí hasta entonces solo eran puntos sueltos, revelándome esas cualidades de la historia que Matías describió tan bien líneas arriba. Entonces realmente me volví un devoto de Oda y de One Piece. Descubrí entonces que la escala del mundo no era un gesto vacío, sino que cada parte suya se movía en sincronía, como uno de los mecanismo narrativos más ambiciosos alguna vez ensayados dentro de la cultura masiva, contando en esa lista corta y célebre en la que se ubica la Tierra Media de Tolkien o la Comedia Humana de Balzac. (La comparación con el comic norteamericano arriba ensayada ayuda a dimensionar la locura de Oda). Una voraz relectura me hizo ver que el Siglo Vacío, la voluntad de la D., el “gran reino”, el Gobierno Mundial, los Poneglyph, hasta la historia cómica de Enel en la luna, todas eran piezas de un rompecabezas complejo, el cual se va armando sin por eso desatender el desarrollo de personajes o la acción de alto octanaje.

Como también bien señala con tino Matías, la magnitud de la obra, del mundo, de la aventura de Luffy se ha transformado probablemente en su característica definitoria, por lo menos ante el fandom. Necesariamente esto disuade a ciertos lectores que se acobardan ante el compromiso que demanda una historia de esta dimensión. Ni siquiera hablemos de dinero, sino de tiempo. (Yo también, Maxi, llevo casi media vida leyendo). Por supuesto, esto no intenta ser un ataque a quienes, por ahora, se quedaron afuera de One Piece, sino más bien señalar un aspecto negativo de una narrativa a esta gran escala. De hecho, creo que eventualmente Ivrea, que edita el manga en Argentina, deberá recurrir a una estrategia similar a la que se está llevando a cabo en Japón ahora, según la cual se vende el manga por sagas en boxes ayuda, aunque sea de manera subjetiva, a hacer más abarcable el ingreso al mundo de One Piece.

Aunque, en mi experiencia discutiendo en foros y grupos sobre manga, lo que separa a los devotos de los detractores es la lectura del manga, ya que quienes se sumergen en la aventura del Grand Line, difícilmente logran salir. (Lamentablemente no puedo decir lo mismo del anime, que con su calidad de animación irregular y su adaptación a ritmo glacial de media hora de animación por cada 20 páginas de manga, ha ahuyentado a varios potenciales lectores). Porque una vez que uno es capaz de interiorizar los interrogantes y misterios, de encariñarse con los personajes hasta secundarios (Bon Clay corazón), las promesas descabelladamente anticipadas (Vegapunk a esta altura se esconde mejor que Wally), es difícil dejar de leer. Lo que nos trae a este capítulo #1000, cargado de expectativa y envuelto en la mística del “comienzo del final” de One Piece, que por primera vez en dos décadas ha comenzado a promocionar en los últimos meses la editorial ¿Cumplió? ¿Los decepcionó?

Ahora sí, el capítulo 1000

MB─ El capítulo #1000 tiene una simpleza desde el título que a la vez, es una gran declaración de principios: Se titula “Mugiwara no Luffy”, explicándonos de forma sencilla que el pirata que seguimos desde siempre, es el foco de atención. Desde las voces del pasado, los acontecimientos recientes y el final, Luffy es resumido por completo como el centro de una aventura, de una voluntad heredada y del puño que pone fin a un conflicto.

En Japón no suelen celebrar ni usar números puntuales para hacer grandes revelaciones ni similes como se acostumbra en el mainstream americano. Una portada en la Shonen Jump con el protagonista central y varios personajes de otras publicaciones homenajeándolo, es suficiente.

Siento que este número podría ser uno más si uno no supiera las numeraciones. Pero pese a todo y aunque suene contradictorio, Oda le da al lector un número donde el protagonista en todo sentido es Luffy. Desde los recuentos del pasado, los dichos por Ace, la visión de Yamato, los aliados caídos y la naturaleza pura del accionar de Luffy, este número festeja One Piece con el corazón de la aventura en un punto cúlmine. A estas alturas es imposible no comprender que el corazón de la obra no es el misterio del One Piece, sino la existencia de Luffy. Para no ser menos, el final termina siendo la declaración perfecta de Luffy, dicho a todo pulmón y con sus puños, frente a la alianza más aterradora vista hasta el momento. Imposible no estar completamente manija pensando en las futuras peleas, en cómo va a resultar todo, cómo se va a desenvolver el conflicto y cómo van a actuar los aliados en esta gran batalla final en el país de Wano.

Luffy frente a Big Mom y Kaido.
Luffy frente a Big Mom y Kaido.

DL─ Si bien como señala Maxi Britos, en el manga serializado semanalmente no se acostumbra celebrar con “landmark issues” los números redondos como si se hace en la industria norteamericana (DC, dejá de robar con el 80 aniversario de todo), también es cierto que Oda ha encontrado oportunidad de introducir personajes o conceptos nuevos en capítulos como el 100, en el que aparece Dragon, o el 500, que vio el debut de Rayleigh. Justamente por esta razón el fandom onepiecero (?) estuvo en llamas las pasadas semanas, elucubrando qué podría ser revelado en el capítulo 1000. Oda, cómplice de sus peores impulsos, sugirió en el capítulo 999 una posible revelación del misterio de la D.

Sin embargo, salvo que futuras relecturas más afinadas me permitan descubrir algo oculto a simple vista, finalmente el capítulo 1000 más que el escenario de una gran revelación fue una celebración de Luffy, como sugiere el título del capítulo. Es el comienzo de la gran batalla, pero también un momento afirmativo para el capitán de los Sombreros de Paja. Porque si bien nos tiene acostumbrados a gritar desde lo más profundo de sus pulmones que él será el rey de los piratas, es ahora, frente a dos Emperadores como lo son Kaido y Big Mom, que repetirlo tiene otra dimensión. Ya no es el momento de proclamas grandilocuentes, de decir los sueños. Ahora es el momento de hacerlos realidad.

Que a Oda le interesa sobre todo subrayar esta dimensión del relato, de subir la perilla de emotividad hasta a once, queda desnudado por las viñetas de flashback que enmarcan la piña providencial, así como el relato de Yamato sobre Ace, y sobre todo, el relato de Ace sobre su hermano Luffy. Ya llegarán en semanas venideras las grandes revelaciones. Ahora es momento de inflar el pecho de orgullo por nuestro capitán.

Kaido y Big Mom vs. Kid, Killer, Law, Zoro y Luffy.
Kaido y Big Mom  vs. los cinco Supernovas: Kid, Killer, Law, Zoro y Luffy.

MM─ Para no alargar mucho más las descripciones de lo monumental del capítulo #1000, solo algunas anotaciones interesantes de lo que implica para la continuidad de la serie.

En primer lugar, en los flashbacks de Yamato con Ace parecería que llegamos al final de las aventuras del hermano de Luffy en el país de Wano. Es interesante que vuelve a mencionarse la idea de que Luffy tuvo las mismas declaraciones que Gol D. Roger, tal como lo afirmó Shanks muchos años atrás. Este es el último hasta el momento de una serie de situaciones en las que distintos personajes comparan a Luffy con Roger, ya sea por sus palabras, sus acciones, su uso del haki o, simplemente, su determinación. Si esto es puramente simbólico o tiene implicaciones más serias, todavía no podemos saberlo.

Además, en este flashback se revela que fue Yamato quien le hizo su vivre card a Ace, la misma vivre card que luego, en Arabasta, Ace le dio a Luffy y que sirvió como detonador de las sagas de Impel Down y la propia Guerra de Marineford.

Ya se había visto en capítulos anteriores, pero ahora queda claro que el cuaderno que lleva Yamato es el diario/bitácora de viajes que Oden escribió en sus travesías mientras fue parte de las tripulaciones de Shirohige y Roger. Queda bastante explícito que en ese códice hay bastantes cosas importantes registradas, como la verdad de la Voluntad de D. o quizás hasta del Siglo Vacío. Oden deja registrado en sus anotaciones que, veinte años después, llegaría a Wano la nueva generación de piratas, aquellos que podrían cumplir lo que él no pudo: derrotar a Kaido. Así, veinte años después, cinco Supernovas con Luffy a la cabeza se enfrentan cara a cara con Kaido y Big Mom en la cima de una flotante Onigashima.

El final del capítulo no es solo épico porque Luffy le pegue a Kaido el puñetazo que arranca la batalla final, sino por las implicaciones de ese golpe conectado. A lo largo de su estadía en Wano, Luffy estuvo buscando mejorar su uso del haki para superar sus límites. Esta ni siquiera es su primera pelea frente a frente con Kaido, pero en ese primer encuentro, luego de desplegar todos sus ataques de Gear 3 y Gear 4, fue derrotado sin mucha dificultad por Kaido debido a su brutal invunerabilidad a ataques físicos. La única persona en la historia que pudo herir a Kaido fue Oden, quien le ocasionó la cicatriz en forma de X en su torso. Luego de esa derrota, Luffy fue enviado a los campos de trabajos forzados donde tuvo que levantarse desde el fondo y volver a entrenar. En el Sumo Inferno de Queen tuvo la oportunidad de practicar su haki con varios enemigos, y guiado por las enseñanzas del viejo Hyuogoro (quien reveló que el haki existe en Wano desde siempre como una técnica samurái llamada "Ryou"), buscó mejorar sus técnicas de "Haki Busoshoku de emisión", es decir, aquella armadura de energía que permite liberarla hacia afuera, como una onda de fuerza que ataca al enemigo sin tocarlo, inspirado por Rayleigh, quien era capaz de usar esta técnica.

Luego de continuar practicando durante toda la semana previa a la rebelión, Luffy parecía haberle agarrado la mano a esta clase de ataques. Finalmente, cuando se enfrenta a los dos Emperadores, con todo un país soñando con ese puño, Luffy ataca a Kaido en su revancha y aparentemente sin tocarlo logra bajarlo de un golpe. La técnica, aparentemente, tiene el nombre de "Gear 3: Red Rock".

Luffy no se preocupa por ser un héroe, sino por seguir su propio código. La amistad es suficiente para involucrarse en una guerra.
Luffy no se preocupa por ser un héroe, sino por seguir su propio código. La amistad es suficiente para involucrarse en una guerra.

Lo que nos depara el futuro

MB─ Es inevitable estar todo el tiempo pensando cómo va a seguir la trama, cómo van a quedar las cosas tras finalizar un arco, cuándo van a aparecer personajes como Vegapunk, el almirante Ryokugyu, la gran flota de Luffy... y siendo más fanboy, ver la nueva recompensa de los personajes.

Sanji brilló en el arco anterior con Big Mom, y ahora todos sabemos (y esperamos) que Zoro se luzca ahora. Siendo el heredero de la espada Enma, la única que logró herir a Kaido, y estando en el país de los samurái (recordando que él aprendió el uso de la espada de un descendiente de Wano)... es hora de ver una lucha seria del futuro espadachín más poderoso de los mares.

Mi gran contradicción es no querer acertar nunca lo que pueda pasar a futuro porque si algo tiene Oda, es que sabe sorprenderte semana a semana, Pero la idea de seguir fantaseando con este impresionante universo que creó, esta cosmología tan amplia, rica e intrigante... es complicado.

En palabras de Oda, Shanks comenzará a moverse a partir del #1000. Y si hay un personaje poco activo y que a su vez es definitivo en la trama, es él. No sé qué esperar a futuro, pero sin lugar a dudas voy a seguir a bordo del barco, viviendo las aventuras y compartiendo los sueños de nuestros nakamas.

DL─ Estoy de acuerdo en que todo indica que en este arco debería finalmente desarrollarse un poco más la historia de Zoro mediante algún flashback, revelación o ambos. Las piezas están puestas (la fundación del pueblo donde se crio el espadachín relacionada con un exiliado de Wano, la espada de Oden en su poder, el deseo por vengar la injusta muerte de Yasuie). Mi hermano hace años está obsesionado con que Zoro será quien derrote a Kaido, y si bien me cuesta creerlo porque la ley escrita en piedra del shonen manda que sea Luffy el que de el golpe final, el desarrollo del arco cada vez me empuja más a que le crea.

El esperado arco final tras el final de Wano, que de paso vale decir que está muy cerca de superar a Dressrosa para convertirse en el más largo de la serie, para mí claramente enfrentará en una carrera hacia Laugh Tale al Thousand Sunny contra el Gobierno Mundial y Kurohige (¿Rocks será también de la partida?). En el camino se resolverá el misterio del siglo oscuro y qué carajo es ese sombrero de paja gigante congelado. También deberá por fin darse la batalla final entre los revolucionarios y el Gobierno. Debido a que One Piece tiene cierta simetría en sus dos mitades, no perfectamente espejada, pero sí en espíritu, puedo imaginar una repetición del rescate filial, pero esta vez siendo Sabo el apresado por el gobierno y su misterioso rey en las sombras. 

Por lo demás, si bien sé que en el fandom se espera con mucha ansias la llegada finalmente de Usopp a Elbaf y el reencuentro con los gigantes que leimos casi 100 tomos atrás, a mi lo que no me deja dormir es el prospecto de Enel en la luna, con todos esos robots. Como dicta la máxima brechtiena, me parece imposible mostrar semejante “arma” para finalmente no “dispararla”.

MB─ Definitivamente una suerte de rescate a Sabo con Luffy siendo una especie de líder avanzando directamente contra el gobierno... y una posible alianza con los revolucionarios y la gran flota de Mugiwara, parecería ser algo atractivo a cualquier fan. Luffy al final de este arco va a tener un status muy alto. Oda no suele ser muy fácil de predecir, pero todas estas piezas pueden llegar a algo interesante. Lo de Zoro dando el golpe final me parece interesante, incluso poético, diría, más teniendo en cuenta que hay dos Emperadores, ya con uno la cosa iba a ser complicada, tiene que ser un battle royale y no puede ser que Luffy "derrote a los dos" en limpio, mano a mano. Acá no es simplemente superar al rival, es derrotarlo y salvar Wano. No me extrañaría, incluso, una traición por parte de Big Mom cuando Kaido esté debilitado, dando un vuelco en el villano final a vencer y causando aun más caos entre estas alianzas atadas con hilos.

Y si se me permite cerrar con fanboyismo puro, quiero a Yamato como nuevo nakama.

MM─ Desde la llegada a la "isla" de los Minks, la historia de One Piece entró en la saga más larga de toda la serie hasta el momento, la "Saga de los Cuatro Emperadores". Todo lo ocurrido desde entonces (la aventura con los Minks, el arco entero de Whole Cake Island, el Reverie y todos los actos de Wano) fueron arcos argumentales de una saga más grande que, como su nombre indica, representa el encuentro y/o enfrentamiento de Luffy con Big Mom, Kaido, Kurohige y Shanks. Con esto lo que quiero decir es que la joda no termina ni siquiera en Wano, y que podemos asumir vagamente hacia dónde va a continuar la historia luego de esto.

Una cosa que me fascina de toda esta saga es cómo cambió la escala del conflicto general en One Piece. Cuando la tripulación llega a una isla dominada por un personaje malvado, lo que usualmente sucedía era que, con muchas dificultades, la historia terminaba con Luffy derrotando a dicho personaje y todos yéndose de la isla celebrando o planeando su siguiente movida. Sin embargo, fue en Whole Cake Island donde la cosa cambió. La gran pelea de Luffy fue contra Katakuri, el supuestamente hijo más poderoso de Big Mom, pero no hubo posibilidad de derrotarla a ella. De Whole Cake Island no se retiran victoriosos, sino que escapan por los pelos, dejando a un nakama, Jinbe, atrás para proteger la retirada. Ese cabo suelto se debió principalmente a que Luffy todavía no estaba al nivel de la propia aventura en la que se había embarcado, y no es la primera vez que ocurre. En Sabaody y en la Guerra de Marineford ocurrió lo mismo: Luffy se enfrenta a la "gran pared del mundo" y tiene que desviarse para superarla. En esta ocasión, ese desvío implicó que el enfrentamiento no sea contra uno sino contra dos de los piratas más fuertes del mundo. Sin embargo, ahora está listo para enfrentarlos y terminar de asentarse como uno de los tres piratas más peligrosos para el Gobierno Mundial.

Concuerdo en que Yamato debería unirse a la tripulación, no solo por lo genial del personaje sino porque, con su fanatismo por Oden y querer seguir sus pasos, sería un desperdicio que ella misma no se suba también al barco de próximo rey de los piratas. Ahora solo nos queda ver pasar las semanas y disfrutar de esta pelea y sus consecuencias en el mundo.

El futuro Rey de los Piratas.
El futuro Rey de los Piratas.

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