Primavera Azul (Aoi Haru) de Taiyo Matsumoto
Manga

Primavera Azul (Aoi Haru)

Nostalgia junto al gran Taiyo Matsumoto

Por: Tomas Bianchi - 31 Mayo 2018 Se lee en: 2 mins

Me meto de lleno en un manga del gran Taiyo Matsumoto (GoGo Monster, Tekkonkinkreet), ese mangaka que escapa totalmente tanto en narrativa como en arte al estilo imperante en el manga más comercial.

Primavera Azul (Aoi Haru), editada en 1993 por Shogakukan, reúne en un solo tomo siete historias cortas de este genial autor. Desconectadas entre sí, las historias se relacionan solo por la temática: jóvenes desencantados con la vida, expectantes a que empiecen las vacaciones, rodeados de un ambiente por demás decadente y surrealista.

En una de las historias, la que abre el tomo, conocemos a una pandilla de secundaria. Son aficionados a un juego de alto riesgo, en el cual apuestan con sus propias vidas. Mientras tanto cuentan cada movimiento de las agujas del reloj para poder ser libres durante el verano.

En otra de las historias, otro grupo de jóvenes recibe una pistola de un desconocido y se verán en un espiral de locura y nihilismo mezclados con tintes yakuza. Quizás esta sea la mi historia favorita dentro del tomo.

Mención especial a la última historia: una persecución eterno en donde Matsumoto nos tira en la cara toda su habilidad para narrar, con una puesta en página vertiginosa que envidiarían varios cineastas frustrados.

No voy a relatar cada una de las historias, elegí esas tres por ser las más sobresalientes, en mi opinión, dentro del tomo. Para ser justo, ninguna de las siete resultan malas. Matsumoto dibuja y escribe un manga sumamente conceptual, muy juvenil y que a la vez juega a ser una obra muy adulta. Tuve esa sensación de estar leyendo un manga punk, un poco hardcore, ideal para hacer un buen pogo. Un comic bien nihilista con el que todos podríamos relacionarnos si miráramos hacia atrás a nuestros años de adolescencia. ¿Quién no tuvo esa impaciencia porque se terminaran las clases? Entre cada uno de los cigarrillos o las locuras de los personajes que van apareciendo, está constantemente la pesadez del tiempo impregnada en las viñetas. Agreguémosle ciertos detalles que escapan a cualquier tipo de explicación racional: Matsumoto mete cada dos por tres inscripciones, símbolos, frases. Acá hay mucho más que una historia lineal, quizás hasta elementos autobiográficos, puestos de una manera muy valiente por parte de esta bestia del dibujo.

No sería justo dejar de recalcar que se reconocen en el trazo de este mangaka a influencias artísticas europeas, mezcladas con una sazón occidental. Matsumoto se sale del canon y crea algo MUY personal, algo mucho más que un producto comercial. No solamente por el arte, también por el tono. Basta detenerse en estas historias o en alguna de las otras más famosas del autor. Una bella sensación de leer un manga con gusto a comic europeo y,a mi parecer, con una música ruidosa de fondo: extraño pero muy satisfactorio.

Para terminar solo resta comentar que ECC Ediciones editó estas historias a mitad del año pasado y se consigue fácilmente en las comiquerías del país. Si lo ven, no duden en comprarlo. Un manga atípico que escapa a las vertientes más comerciales y un ejercicio brillante de dibujo y guiones con mucho sentimiento. No va a defraudar.

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