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Manga

Riki-Oh

Explosiones corporales para toda la familia

Por: Mariano Lastiri - 09 Nov 2017 Se lee en: 5 mins

A mediados de los 80, Hokuto No Ken era el modelo a seguir para muchos autores japoneses que querían hacer series de acción histriónicas, con altas dosis de violencia, drama, cuerpos desproporcionados y líneas cinéticas.

Pero una dupla, calcando varios aspectos fundamentales de la epopeya post apocalíptica de los maestros Buronson y Tetsuo Hara, creó una serie de culto con suficientes méritos para volarle la cabeza a cualquier persona... literalmente.

Los cerebros detrás de dicho proyecto fueron el guionista Masahiko Takahou y el dibujante Tetsuya Saruwatari.

Serializada en la Business Jump de 1988 a 1990 a lo largo 12 tomos en total, el manga nos cuenta las desventuras del protagonista que da título a la serie, Riki Oh Saiga.

Riki-Oh es un personaje misterioso con el pecho lleno de balas y una estrella de seis puntas en su mano derecha, que termina en una prisión de máxima seguridad por atentar contra la vida de una de las cabezas de un grupo de la Yakuza.

Resulta que este complejo es una de las instalaciones privadas de esta suerte de futuro alternativo de un Japón de finales de los 90. En este universo, el calentamiento global ha destruido parte de La Tierra y las corporaciones tienen más poder que los mismos gobiernos.

Como si esto no fuera poco, este mundo está poblado de personajes de una crueldad inusitada.

Ya desde las primeras páginas nos encontramos con las penurias de uno de los reclusos, que tiene que soportar todo tipo de brutales vejaciones de parte de otros prisioneros, tanto físicas como psicológicas.

Riki Oh sobrevive en ese mundo de violencia y es ahí donde descubrimos el enorme poder que posee detrás de su puño derecho. A través de un arte marcial china conocida como Qigong, puede generar una cantidad de energía que despedaza literalmente a sus oponentes.

Sin embargo, en el presidio se encontrará con oponentes mucho más poderosos y situaciones de corte dramático que pondrán al personaje al borde de las cuerdas.

Luego de este arco, casi toda la serie se planteará en un mundo abierto ,y la típica trama del viaje del heroe, donde el formato no diferirá mucho de lo acontecido en los primeros capítulos.

Más allá de esto, se nos planteará una incógnita en torno a la figura de Riki, su pasado y el misterio detrás de su origen.

El puño de la Estrella de David

 

Como habrán notado, las similitudes conceptuales con Hokuto No Ken son demasiado evidentes y más de uno señalará que Saiga es un clon evidente de Kenshiro.

Aunque ambos personajes comparten ese lugar de ser antihéroes en ambientes post-apocalípticos con poderes especiales derivados de las artes marciales para destruir a sus enemigos (y tramas convenientes), la obra de Takajou posee algunos puntos para darle una identidad que la separe de la obra magna de Buronson.

Para empezar, la representación de la violencia es muchísimo más exagerada y explícita. Mientras que Kenshiro hacía explotar a sus oponentes con su técnica, Riki directamente les abre el estómago, les desgarra un miembro, abre sus cabezas sacando sus cerebros, entre tantas delicias. Incluso los villanos que se enfrentan a Riki-Oh son uno más sacado y sádico que el anterior, dándole bastante lugar a muertes sumamente creativas.

Todo está planteado desde una forma tan demente y visceral, que da apertura a mucho humor negro y cierto grado de delirio grotesco, más cercano a una serie de Hirohiko Araki.

Pero sobre todo, Riki Oh acierta una bajada de línea bastante desesperanzadora sobre la sociedad de finales del siglo XX.

La lectura política sobre los gobiernos de corte neoliberal de aquellos años (con el de Ronald Reagan a la cabeza), las CEOcracias, la Segunda Guerra Mundial, el fanatismo religioso y la Guerra Fría, le dan a la obra un cierto grado de vigencia que posiblemente no tendría sin dichos tópicos. Incluso, en esta serie tiene mucho peso la religión Judeocristiana (y un poco el Budismo), al punto de jugarse a poner a los personajes en una suerte de cruzada mística (o profecía).

El guión

La serie no pudo haberse concebido en ningún momento que no sean los 80s. Desde los diálogos tópicos, la narrativa, a la forma en que se plantea el plano secuencia. Todo está en función de un producto simple y directo, lleno de conveniencias argumentales y sin sentidos que nunca resultan demasiado chocantes, porque la obra nunca se toma demasiado en serio a sí misma.

El único personaje que tiene un desarrollo considerable es el mismo Riki-Oh, por lo que el resto de personajes que aparecen suelen durar un arco o tener apenas trascendencia en beneficio del desarrollo del protagonista.

Los niveles de poder nunca importan porque están en función del guión y el protagonista es tan fuerte según el interés del autor en meter machaca y algo de variedad.
Párrafo aparte para los villanos principales de cada arco, que pese a ser personajes de carácter unidimensional histriónico, tienen cierta aristas que los dotan de más carisma del que aparentan.

El arte

Tetsuya Saruwatari es un dibujante claramente influenciado por Tetsuo Hara y sus antecedentes más próximos (Masami Fukushima y Kazuhiko Miyaya), por lo tanto los diseños de sus personajes tienden a tener musculaturas desproporcionadas con cierto grado de detalle y la puesta de página generalmente en las escenas de acción siempre esta al servicio de meter cuanta línea cinéticas sea posible.

En el caso de la representación del gore y la violencia, nunca es demasiado detallada y muchas veces apela a recursos visuales más caricaturescos. Lo más gráfico que se puede ver son corazones, cerebros e intestinos, pero son lo menos.

Tal vez, la mayor desventaja que corre Saruwatari, es que no tiene el nivel de plasticidad de sus ídolos y tiende a diseños que nunca destilan el mismo nivel de detallismo y puntillosidad. En los fondos tal vez se note el menor nivel de esfuerzo. Muchas veces son fotos directamente sacadas de archivos sin casi un retoque evidente.

Aún así, hay algún que otro collage ingenioso de recortes y dibujo, que demuestra cierto grado de compromiso e interés por hacerla una obra atractiva pese a las limitaciones técnicas.

En todo caso, estamos ante un trabajo competente, que cumple su función dentro de una historia donde lo que menos se pide, es virtuosismo o una estética única.

Derivados y legado

La obra permanece inédita tanto en español como en inglés, por lo que no estaría mal luego de demandar una edición de El puño de la estrella del norte, que los editores tanto de tierras anglosajonas como ibéricas le pudiesen dar un visto bueno al buen Riki.

En 1991, se hizo una adaptación al Live-Action conocida como Riki-oh: La historia de Ricky. Realizada en Hong Kong, dirigida por Lam Nai Choi y protagonizada por Fan Siu- Wong, la película adapta fielmente el primer arco del manga y respeta sobre todo el elemento más esencial de la obra: El gore, teniendo bastante éxito a pesar de entrar dentro del cine de calificación III (clasificación que posee la industria cinematográfica de Hong Kong, relegada a películas que posean violencia gráfica o contenido sexual explícito), pero nunca salió una secuela.

En cuanto a versiones animadas, salieron dos ovas adaptando los primeros 2 arcos de la serie.

El primero salió en 1989 y se llamó Riki-oh: Toukatsu Jigoku (Riki-oh: El muro del infierno). El segundo salió un año después y se conoció como Riki-oh 2: Horobi No Ko (Riki-Oh: El niño de la destrucción). Ambos ovas fueron producidos por Magic Bus (Ginga Eiyu Densetsu)

Un detalle de color, es que el diseño de uno de los villanos más destacable de la serie, Washizaki, fue una importante influencia para el villano principal de Street Fighter 2 , Vega (conocido en occidente como Bison, porque cambiar nombres es la que va. Sí, el tipo corte dictador de ropa roja).

Conclusión

Riki-oh no es una obra revolucionaria, ni poseé la escritura más prodigiosa, ni lo personajes más complejos. Pero tampoco cumplían con esas características series como Saint Seiya, Dragon Ball o incluso su padre, Hokuto No Ken.

Y aunque comparte ese sentimiento adrenalínico, enternecedor y algo nostálgico de los casos antes mencionados, posee suficientes destellos de personalidad para ser una serie única, que pese a ser otra de esas medio pochocleras de serie B, no es del que te produce fiebre gonorrea. Y entre tanta tripa, es más que suficiente.

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