fbpxSaint Seiya: Recorriendo el mundo de los Caballeros | Ouroboros World
Manga

Saint Seiya: Recorriendo el mundo de los Caballeros

Parte 2: La Saga de los Santos de Plata

Por: Damián Pérez - 26 Sep 2019 Se lee en: 11 mins

En la nota anterior vimos el nacimiento de la historia, los comienzos de Seiya y el resto de los protagonistas y aprendimos un poco sobre este universo. Ahora viene el paso adelante.

La segunda saga de Saint Seiya es la del desarrollo, donde las cosas empiezan a ocurrir, donde los hilos empiezan a desenmadejarse y la verdadera trama emerge por entre las capas. Kurumada no desarrolló esto de forma premeditada sinó que lo fué armando poco a poco. Sin embargo, algunas ideas y conceptos los tenía prefijados, pero otros fueron dándose a medida que la historia avanzaba. Al final de la siguiente saga (que veremos en la próxima nota) el manga reza "Capítulo Uno: El Santuario. Fin". Es muy probable que el autor haya decidido avanzar con su historia llegado a ese punto, pero permitiendo que sea un final por si las ventas y el público no lo acompañaban.
La estructuración en tres partes surge luego del análisis: primero tenemos la Saga del Torneo Galáctico, que analizamos en la primera parte de esta serie de notas, y sirve como introducción, luego la que nos compete ahora, la Saga de los Santos de Plata y por último el clímax, la Saga del Santuario (que a su vez dá nombre a todo el "libro"). Así que vamos a meternos con esto, la Saga de Los Santos de Plata. Este arco representó la maduración de la historia y de los conceptos pero, a su vez, sirvió de antesala para el punto más alto de Saint Seiya. No dilato más la introducción y vamos al tema de la nota.

El comienzo de la Saga de los Santos de Plata

Para arrancar no tenemos una introducción, sino que la historia se continúa inmediatamente luego de la acción con la que terminaba el arco del Torneo Galáctico: Ikki es vencido por Seiya (con la ayuda del resto de los santos de bronce) y se nos revela que el Santuario es la fuerza maquiavélica detrás del Fénix.
La montaña que funcionaba como escenario se derrumba y un grupo de luces misteriosas surgen del lugar. Mu, el misterioso personaje que había reparado las armaduras de Pegaso y Dragón en el Tíbet aparece, y vemos que usa sus poderes telequinéticos para salvar a los caballeros de bronce y plantar los cuerpos de los caballeros negros en tumbas, haciendo creer a un nuevo grupo de personajes que los protagonistas han muerto.
Surge en escena el primer caballero de plata: Misty de Lacerta (Lagarto). Y esto representa un paso adelante en la trama. Eso sí, un paso más que obvio. Desde el momento en que se estableció que los protagonistas eran santos de bronce y existía una armadura de oro, la aparición de los santos de plata era inevitable. Junto a Misty, se nos revela que Marin, quien fuera la maestra de Seiya, también es un santo de plata (llevando la cloth de Aquila/Águila). A partir de este punto, la historia pasa a ser una sucesión continua de batallas entre los caballeros de bronce y sus contrapartes plateadas, siempre actuando como enviados del Santuario. Poco y nada de lugar se usa para desarrollar a estos personajes, a pesar que algunos podrían haber sido interesantes. Los únicos que tienen un poco de peso (muy poco, digamos todo) son el primero, Misty, y el que fuera el protagonista de la batalla más recordada de este arco: Algol de Perseus (y su escudo de Medusa).

Mientras tanto, Kurumada aprovecha el discurrir de la saga para contarnos más sobre el Santuario, un poco sobre su organización, las jerarquías entre caballeros, soldados y el Patriarca y sobre los niveles de poder entre las armaduras y sus portadores. Se dan dos grandes revelaciones, ambas surgidas a partir de los caballeros de plata.
Primero, la posibilidad que Marin sea la hermana perdida de Seiya, a quién buscó desde que se fué de Japón.
Segundo, la misión principal de los caballeros: proteger a Athena. Marin le da ese mensaje a los protagonistas y argumentalmente funciona como pie para la revelación más importante: Saori Kido es Athena, quien fuera entregada junto a una armadura a Mitsumasa Kido por un moribundo Aiolos, caballero de oro de Sagitario, luego que ésta sufriera un intento de asesinato en el Santuario. El magnate Kido adoptó a la niña y prometió a Aiolos buscar nuevos caballeros que la protejan. Este suceso improbable es el evento más importante a nivel argumental en el que se levantan todas las bases de la historia de Kurumada y, con mucho oficio, el mangaka lo ubica en el pasado, previo a los eventos que se narran en la historia principal, para así poder agregarle capas y vueltas de tuerca cuando la narración lo necesitase. El atentado contra Athena con el posterior encuentro entre Aiolos y Mitsumasa Kido constituyen una escena con un peso tan importante en Saint Seiya como puede ser el nacimiento de los gemelos Leia y Luke y la transformación de Anakin en Darth Vader para la saga de Star Wars o la fecha del 12 de Noviembre de 1955 para Back to the Future (que funcionan de una manera parecida a nivel argumental). A continuación tenemos la más importante batalla del arco, entre Shiryu y Algol, en la cuál el caballero de bronce sacrifica su vista quedándose ciego para vencer al rival (esta situación que lo marcará por lo que queda de la historia).

También asistimos al regreso de Ikki alineándose con los protagonistas para enfrentar a los caballeros de plata. La trama se complica con la aparición del primer caballero dorado: Aiolia de Leo (en realidad, junto a Milo de Escorpio). Aiolia se transforma en el primer santo dorado en enfrentar a los protagonistas. La batalla entre Aiolia y Seiya, con Shaina (la cuál también se revela como un santo de plata) adquiere relevancia cuando la armadura de Sagitario protege nuevamente al caballero de bronce. Como nos enteramos antes, esta armadura perteneció originalmente a Aiolos, quien ahora sabemos era el hermano mayor de Aiolia y por primera vez Kurumada le agrega una capa más a ese evento primigenio. A partir de este punto se suceden varias escenas donde se nos van revelando poco a poco diferentes caballeros dorados.

El ejercicio del autor es jugar con esto y con la cantidad de santos de oro, sabiendo el lector que se avecina la batalla final contra los mayores poderes del Santuario. Así conocemos a Deathmask, el caballero de Cáncer, a Shaka de Virgo y, volviendo al tema de las revelaciones, que el tibetano Mu es el caballero de Aries y al maestro de Shiryu le pertenece la cloth de Libra. Todos los hechos nos llevan a lo que se viene gestando: la batalla final contra el Santuario, que nos lleva directamente al mencionado escenario y a los caballeros dorados como antagonistas principales, siempre con la figura del Patriarca como jefe principal. La Saga de los Santos de Plata arranca en el capítulo 20 (tomo 5 de la edición en Tankobon) y terminá en el 28 (tomo 8). En el manga es un arco relativamente corto en comparación a los otros y no posee una estructura muy definida, a diferencia de lo que ocurre con su versión animada, de la que hablaremos a continuación. A pesar de esto, algunos los conceptos instalados en este arco (ya mencionados) resultan de una importancia tal que se erigen como los pilares de la historia de toda la franquicia.

El primer caballero de plata
El primer Santo de Plata en darse a conocer, Misty de Lacerta.

La adaptación al animé

Y si hablamos de la Saga de los Santos de Plata y su adaptación al animé hay una sola palabra que puede resumir todo: relleno. Si en la nota anterior avisaba que el comienzo del manga de Saint Seiya sufría muy pocos cambios en su versión animada, este segundo arco fue dilapidado, trozado, recortado y estirado cual Frankenstein, lo que hace muy difícil la comparación entre ambas versiones. Debido a la lentitud de la salida del manga (lentitud si pensamos en términos televisivos), el casi solapamiento entre las diferentes versiones y el éxito que estaba siendo para el público, la empresa detrás del animé, la totipotente Toei Animation, decidió incluir historias y personajes nuevos para permitirle a Kurumada avanzar con su historia y no cortar el animé. Y desde ahí, todo cuesta abajo. Todos los clichés típicos de la animación de los '70 y los '80 aparecen en los capítulos de Saint Seiya: villanos desdibujados, lugartenientes con poco o nada de desarrollo que no son más que interlocutores del antagonista principal, secuaces que terminan actuando como postes de luz en el camino para los protagonistas más que como verdaderos obstáculos a superar. Como ya dijimos, en el animé esta saga tiene una duración considerable, con 24 episodios (contra los 15 que contienen la Saga del Torneo Galáctico). Y puede ser subdividida en una primera parte formada por una sucesión de antagonistas no categorizados ("Sonota Saints", caballeros sin constelación, como son llamados por los fans), una segunda parte donde aparecen efectivamente los caballeros de plata y una tercera con las apariciones de los primeros caballeros dorados. Sólo las últimas dos tienen base en el manga.

El desfile de personajes inventados por Toei para rellenar es muy variopinto, yendo desde verdaderos sinsentidos, como los caballeros de los abismos comandados por Giste (definidos como terroristas previamente expulsados por el Santuario) y Dócrates (el gigantesco hermano de Cassios que no vuelve a ser mencionado por éste y famoso por derrotar a Ikki pero temer a la policía de Japón), hasta verdaderos logros como el Maestro de Cristal (con un logrado diseño pero metiendo multitud de problemas continuísticos a futuro) o el compañero de aprendizaje de Shiryu, Okko (recurriendo a la leyendo china del Tigre y el Dragón como figuras contrapuestas). En el medio no podemos evitar nombrar a los horripilantes y sin razón de ser Caballeros de Acero. Todos estos personajes se iban mechando poco a poco para estirar las historias que Kurumada quería contar, metiendo ruido y muchas veces generando problemas de continuidad entre ambos relatos. A favor vale mencionar la intención de estas historias de profundizar sobre el Santuario, agregándole personajes, jerarquías, vínculos. También, con el mismo motivo, el desarrollo de varios caballeros de plata es levemente mayor que sus contrapartidas del papel. Por otro lado, mucho de este desarrollo termina contradiciendo las ideas que Masami Kurumada tenía planeadas para la historia. Pruebas de ello son la aparición del Maestro de Cristal como maestro de Hyoga (cuando Kurumada introduce al personaje de Kamus, uno de los caballeros de oro) o la vuelta de Ikki como un aliado del grupo protagónico (al que deja casi de inmediato vistos los planes que tenía Masami para el personaje). Una consecuencia muy clara que trajo el relleno a la serie es que el villano principal, el Patriarca del Santuario, es mostrado como un ser despiadado, más parecido a un villano clásico (al estilo de Mumm-ra o Monstruon, o cualquier villano animado que se muestra como un ser lejano que envía secuaces tras secuaces a hacer el trabajo contra los héroes), en lugar del sujeto de moralidad ambigua, cuya verdadera maldad es más un tema sobre el que se duda y discute que plantea Kurumada en el manga.

En cuanto a diseños y traslado de personajes a la pantalla, se siguen las pautas establecidas en los capítulos previos, de a poquito con más estilización y mayor dinamismo, pero sin grandes saltos. Personajes secundarios de la primera etapa como Miho y los huérfanos o Tatsumi son progresivamente abandonados en el animé que, al estirar la trama, dan la sensación de quedar en el olvido. Lo mismo le sucede a los propios personajes inventados para la animación que tenían la intención de ser recurrentes, como los caballeros de acero o Phaetón, la mano derecha del Patriarca. Durante la etapa final de esta saga animada (mediados de 1987) ocurre el estreno del primer OVA (original Video Animation, película de corta duración para hablar en palabras fáciles) de la franquicia de Saint Seiya: La Reencarnación de Eris (o La Leyenda de la Manzana de Oro, o Saint Seiya Gekijoban en su idioma original). En esta nueva historia, sin paralelismo en el manga, los cinco caballeros de bronce principales se enfrentan a la diosa de la discordia Eris (traída del mito de la Ilíada, donde Eris era la diosa que provocaba desde las sombras el conflicto inicial que llevaba a la famosa Guerra de Troya). Esta diosa, poseyendo un cuerpo mortal, despierta a cinco caballeros de plata fallecidos (¿serían santos zombies?) para enfrentarse a Athena. La fórmula presentada para este relato terminaría siendo la repetida hasta el cansancio por Toei en las sucesivas sagas y ovas, principalmente en el material exclusivamente animado: Athena es secuestrada por el villano, su vida puesta en peligro y los caballeros tienen un tiempo acotado para salvarla, no sin antes enfrentarse a los sucesivos secuaces de ocasión. Llegada la batalla final, Seiya salva las papas utilizando la armadura de Sagitario y salvando a Saori de su enésimo peligro. Esta estructura efectiva no deja de ser buena, pero su uso desmedido terminó restándole valor. La animación y la música utilizada para esta producción eran algunos órdenes de magnitud superiores a las que se veían en el ánime por ese entonces (esta calidad se mantendría -e incluso se mejoraría- en los posteriores OVAs). Se supone que Masami Kurumada estuvo íntimamente relacionado en el desarrollo de argumentos y diseño de personajes para esta película, lo que puede corroborarse con la reutilización de ideas y diseños en el posterior discurrir del manga (por ejemplo, las armaduras de la Flecha/Sagitta y Lyra, los dioses que toman cuerpos humanos, la resurrección de santos muertos, Seiya lanzando la flecha de Sagitario, etc.) e incluso décadas después (muchas de las ideas de este ova son reflotadas en el actual manga Saintia Sho, donde Eris vuelve a aparecer como villana principal).

El primer caballero dorado presentado en el animé
Aiolia se enfrenta a Seiya, siendo el primer caballero dorado que vemos en batalla contra los protagonistas.

Puntos altos y bajos de esta saga

Puntos altos

  • Los diseños de los Santos de Plata. Nuevamente Kurumada se luce mostrando que su imaginación a la hora de dar vida a las armaduras basadas en las constelaciones es uno de sus mayores fuertes. Y por otro lado, cada caballero de plata luce como un ser único y no cae en una interminable sucesión de secuaces ignotos, lo que suele ocurrir con personajes como estos que en definitiva no son más que sacos de boxeo para los protagonistas.
  • Las nuevas revelaciones. La posibilidad de Marin como hermana de Seiya, sin terminar de definirse y, a la vez, Saori como la Diosa Athena, la persona a proteger (que le da otro sentido al personaje) son dos grandes líneas argumentales que llegaron para enriquecer el interesante universo que se iba generando en la historia principal. Ambas revelaciones se suman al mecanismo que venía usando Kurumada desde la saga pasada de ir desmadejando el ovillo poco a poco.
  • El evento ocurrido 13 años atrás. La escena más repetida, comentada, recontada, retocada e importante de la gran historia de Saint Seiya. El punto principal del que surgen todas las líneas argumentales y donde se desencadenan los eventos de la serie. Acá es donde Kurumada saca chapa como narrador y es su gran acierto, especialmente por ubicar este suceso en el pasado, donde puede ser contado de diferentes formas, con diferentes matices según los personajes y donde puede ser acompañado antes y después por diferentes y nuevas ideas que lo engrandezcan y le agreguen fuerza (o, lamentablemente, restándole, como también ha ocurrido).
  • El desarrollo que se le da a las fuerzas de los caballeros. De la mano de la aparición de los santos plateados y dorados aprendemos un poco más sobre el mito de los santos de Athena, la naturaleza de sus poderes y sus vínculos. Ya queda claro a esta altura que las peleas no son luchas de boxeo ni batallas callejeras, para este momento empezamos a comprender más la base de los poderes sobrehumanos que poseen estos personajes.
  • El mantener a Ikki como una figura lejana. El gran personaje y gran villano de la saga anterior en este caso queda presentado como un personaje secundario, casi relegado, aumentado su chapa a niveles estratosféricos (todavía no siderales, para eso nos falta la siguiente saga). Al sacarle el foco de encima a Ikki, Kurumada hace crecer al personaje.
  • La aparición sucesiva de los caballeros dorados. Al igual que ocurre con las revelaciones mostradas a cuentagotas, la sucesiva aparición de los caballeros dorados genera un aumento del misterio y el cliffhanger entre nosotros los espectadores. Cuando uno no conocía sus identidades, enterarse que Mu o el maestro de Shiryu eran caballeros dorados eran revelaciones equivalentes a cuando Darth Vader se presenta como el padre de Luke (bueno, quizás no del mismo nivel, pero sí con la misma intención). Y todo esto no hace más que aumentar el entusiasmo preparándonos para lo que se viene: la Saga de las Doce Casas.
  • Seiya usando la armadura de Sagitario. El gran momento de Saint Seiya. El gol a los ingleses del Diego en el '86, la aparición de Spider-Man en Civil War, Chewacca tirando su primer grito en la batalla de Endor, el último tanto de Ginóbili para ganar en Atenas. Todo eso es lo que representa cuando Seiya porta por primera vez la armadura que perteneciera a Aiolos. Y también representan uno de los leiv-motivs más importantes de aquí hacia adelante en la historia: los caballeros de bronce rompen todos los paradigmas establecidos hasta el momento.

Puntos bajos

  • El ritmo vertiginoso. El poco desarrollo, machaca tras machaca que posee esta saga, en particular en su versión manga, no permite dar mayor desarrollo a los antagonistas y secundarios. Si bien esto parece ser impuesto a conciencia por el autor, el buen diseño de los personajes hace lamentar la falta de espacio para darle más facetas a unos personajes que parecen ser más interesantes que lo presentado. Como consecuencia directa, los Santos de Plata son los que se ven más afectados.
  • El relleno de la Toei Animation. Podríamos mencionar este punto bajo para cualquier adaptación hecha por Toei. En el caso de Saint Seiya, podría desglosarse en varios ítems, pero elijo dejarlo en este único gran problema. Si bien es exclusivo de la versión animada, el relleno (tanto en tramas como en nuevos personajes) terminó afectando y generando una mala imagen para la historia general, marcado para las generaciones siguientes lo que no debería tomarse como un rasgo de Saint Seiya.
  • La falta de desarrollo del Santuario como institución. En principio quería poner esto como un punto alto, ya que la aparición de los nuevos escalafones entre los santos muestra nuevos desarrollos del Santuario como institución pero, dadas las posibilidades que nos asomó Toei, se genera un contraste importante y todo el relato (en ambas versiones) queda con gusto a poco a la hora de mostrarnos este escenario como un personaje importante (por suerte otros productos derivados como Lost Canvas ayudaron a matizar este error).
  • Demasiados caballeros dorados hasta acá (y demasiado de ellos). Kurumada en el manga juega por muchas páginas con el número final de dorados pero, dado su base fáctica de diseño (las constelaciones zodiacales) nunca constituye un verdadero misterio. En consecuencia, las apariciones de los caballeros de mayor jerarquía, que en principio nos hace querer saber más de ellos, termina dejando poco afuera para el siguiente arco. Por otro lado, no dejan de ser personajes impactantes y complejos que serán el gran pilar del universo Saint Seiya a futuro.

Pegasus Ryu Sei Ken
Los Meteoros de Pegaso.

Y hasta acá llegamos en esta segunda entrega, me voy pidiendo disculpas por lo tardío de la aparición de esta segunda parte y dejo la puerta abierta para la siguiente etapa: La Saga de las Doce Casas. O como también puede llamarse, el mejor de todos los arcos de Saint Seiya, diga lo que se diga. Y las razones, pronto en la tercera parte.

Share:

Dejá tus Comentarios