U19 de Yuuji Kimura
Manga

U19 de Yuuji Kimura

Vamos los pibes

Por: Matias Mir - 01 Nov 2017 Se lee en: 5 mins

En pleno siglo XXI donde la estética del shonen cambió radicalmente y lo digital reemplazó a lo tradicional casi por completo, es casi un lujo leer una obra moderna pero con olor a clásico. Yuuji Kimura es un autor que tuvo mala suerte en el mundo editorial. Antes de U19 (Under Nineteen) publicó dos one-shots en 2014: Garden y Peach Pluck, ambos en la Weekly Shonen Jump. Los dos eran básicamente episodios pilotos para series que nunca se serializaron debido a la mala recepción del público. En vez de rendirse o mandarse a una revista con menos estándares de calidad que la Jump, Kimura siguió puliéndose y en 2017 entró junto con otras cinco series a la nueva formación de la revista con U19, su primera serie larga.

En el primer capítulo de U19 se nota muy claro cómo el autor encontró una voz y una forma de narrar las historias mucho más consolidada que en esas historias unitarias. Sumando a ello, una densa cantidad de tramas que demuestran que no quería dejarse nada en el tintero. Tenemos un futuro donde el “Partido Adulto” gobierna Japón y crea un sistema de castas para los adultos, legaliza la violencia contra los niños y adolescentes (todos los que tengan menos de 19 años, de ahí el título) en pos de convetirlos en “adultos respetables”. El país del sol naciente se convierte entonces en un infierno para los jóvenes y en una dictadura más dura con aquellos que caen en los niveles más bajos de la sociedad. En medio de todo esto aparece un protagonista con una cicatriz en la cabeza producto de la violencia adulta, que se le planta a los grandes todo el tiempo sin pensar en el castigo. Además es vegetariano, le gusta coser y hacer muñequitos, cosa que a los adultos no les gusta porque lo “afeminado” es signo de un futuro adulto torcido. Destinarlo a las castas más bajas incluso antes de los 19 era la elección obvia.

El protagonista del que hablaba se llama Eiji Kudou, y lo que lo mantiene fuerte en este mundo horrible es la chica que le gusta, Akari, con la que están por empezar una épica historia de amor que le ponga pedal a este shonen intensísimo. El día que se va a confesar, caen los políticos con un nuevo sistema para calificarlos por niveles más rápido sin tener que esperar a que sean adultos, y la chica de Eiji cae en la casta SSS, la más perfecta, así que deciden llevársela a un internado en Tokyo. Ah, y además hay una rebelión secreta de jóvenes contra el gobierno. Y también hay una leyenda urbana que dice que los adolescentes pueden activar poderes (¡y todo esto es solo en el primer capítulo!).

Puede sonar densísimo de leer todo eso en menos de sesenta páginas, pero Kimura te lo narra todo tan ligero que no te das cuenta de toda la información que estás digiriendo, y aprovecha cada cuadro de la página para desarrollarte un poco a cada amigo de Eiji. Debe ser de los pocos mangas donde me importaron los personajes desde el primer capítulo.

No es difícil ver para donde tiran los palos. Obviamente Eiji obtiene un poder (conocido como “libido”, que les sale a los jóvenes ante situaciones de estrés fuerte) cuando lo separan de Akari en una desgarradora escena en la lluvia que incluye confesiones, cagadas a piñas y poderes mágicos. Con esto se pone en marcha la historia de Eiji y los rebeldes, los Garage Kids (el nombre más cool de la historia), para vencer a los malos y salvar a la chica.

Lo más genial de U19 es que a pesar de ser una historia de adolescentes con poderes, no deja de tener un pie en el lado del realismo. No se enfrentan a un supervillano ni a la maldad personificada. Son los X-Men contra el gobierno, contra el ejército, contra la ley. No es tan fácil como subir una torre infinita e ir derrotando a los villanos uno por uno hasta encontrar a la princesa en el piso más alto. Acá los Garage Kids quieren ganarle al sistema desde adentro. Usarlo en contra de los profesores abusivos, crear conciencia a partir de mensajes codificados en Internet y generar un revuelo social que les permita ganar las elecciones de forma democrática y recuperar su país, para ellos y los pibes que sigan en las próximas generaciones. Y sí, eso incluye cagarse a veces a piñas y romper cosas en el camino. Pero sigue estando demasiado bien pensado y podía durar una buena cantidad de años en la guerra social y mediática de adultos vs jóvenes.

Sin embargo, la realidad no es mucho mejor que la ficción. Luego de quince intensos capítulos de furia adolescente, peleas con poderes que en originalidad no tienen nada que envidiarle a los de JoJo’s Bizarre Adventure, y mucha pero mucha pasión, la historia entra en un extraño mini-arco de clímax con una batalla final interesante pero que deja sabor a poco y, en el capítulo 17, los Garage Kids se despiden para seguir luchando sin nosotros de espectadores.

La serie se canceló cuatro meses después de su debut, y el autor en lugar de cerrar la historia optó por dejarla abierta para una poco probable secuela. Tres tomos recopilatorios de baja circulación y besito besito, chau chau.

Una puñalada para los que seguíamos fielmente las desventuras de Eiji y su épico amor con Akari, pero del otro lado del charco no se puede hacer más que leer scans atrasados en inglés y con una traducción indonesa heredera del Duwang. Kimura simplemente no cosechó la base de fanáticos necesaria para competir en la misma cancha que exitazos como One Piece y Haikyu!!, pero eso no demerita su trabajo en absoluto. Solo haber estado ahí por más de doce capítulos nos demostró que se podía. Le dio la experiencia necesaria para intentarlo una siguiente obra, sea una continuación de U19 (¿U20?) o no.

Lo que a mi parecer fue el mejor ángulo de U19 fue como a su manera combinó una trama moderna con la emoción y el espíritu shonen de los mangas de principio de siglo. La historia de un chico con un poder misterioso enfrentándose a puro pulmón con el mundo en contra en un nivel tan puro y sin filtros evoca a series similares de los ’90 y principios del 2000, pero a la vez lo mezcla con una trama en la que juegan lugares importantes elementos como el feminismo, la homosexualidad, la pedofilia, la eugenesia, el resentimiento japonés a los EEUU por la Segunda Guerra Mundial, la censura en Internet y mil cosas más que nunca habrían tenido lugar en un shonen hace veinte años.

Y para terminar no podía no mencionar el arte de Kimura, 100% tradicional en los tiempos que corren, simple cuando se quiere y complejo cuando se necesita. Adultos retorcidos y oscuros, violencia bastante gráfica sin necesidad de recurrir al gore o la auto-censura y el diseño de villano más copado que vi en mucho tiempo. Dos páginas y ya te engancha como para darle la mano por un camino corto pero disfrutable. Ojalá algún día sea un paseo más largo.

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