Blade Runner 2049
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Blade Runner 2049

Ni tanto ni tan calvo

Por: Facundo Vazquez - 10 Nov 2017 Se lee en: 5 mins

La expectativa

Cuando se anunció la producción de la secuela de “Blade Runner” aquellos que somos fanáticos de la cinta clásica de 1982 sentimos necesariamente una mezcla de sensaciones contradictorias. Por un lado, la idea de que Ridley Scott volviera a involucrarse en un proyecto que continuara su mejor película debía llenarnos de emoción. Por otro lado, lamentablemente, el nombre del director había dejado de ser una garantía de calidad y esto había ocurrido fundamentalmente a partir de su regreso a otra de las franquicias que lo lanzaran al estrellato: “Alien”.

Pero son cosas distintas porque el cadáver de “Alien” ya había sido mancillado, violado y arrastrado por el fango en repetidas ocasiones y formatos; en cambio “Blade Runner”, a pesar de las múltiples reediciones, remasterizaciones, versiones del director etc. seguía intacta. Así que, personalmente, yo podía perdonar si Ridley seguía sacando truchadas con “Alien” pero si llegaba a cagarla con “Blade Runner” lo iba a buscar y lo iba a matar al mejor estilo Liam Neeson.

Por esa misma actitud, también había que estar prevenido contra las críticas porque siempre que se revisita una obra maestra como esta, se vuelve inevitable la comparación, y el cariño que sentimos por la obra original nos lleva a criticar con demasiada dureza a cualquiera que se atreva a aproximarse a la vaca sagrada. Así que no pensaba amedrentarme si algunas críticas destrozaban a la nueva peli de Villeneuve.

A un mes del estreno de “Blade Runner 2049”, dos elementos se imponen a nuestro análisis:

Primero: En contra de lo esperado, todas las críticas que leí y escuché de parte de profesionales y aficionados la postulan como una joya del séptimo arte. Los críticos de Youtube no le escatiman las cinco estrellas. “No nos la merecemos” dijo uno, varios la propusieron como la película del año; otro la comparó con “El Padrino II” dando a entender que podía ser incluso superior a la primera parte.

Segundo: el fracaso en la taquilla resulta imposible de disimular. Apenas 12 millones en la semana del estreno en USA. Tres semanas después, la recaudación global apenas alcanzaba a cubrir los costos de producción de 150 millones, sin contar que los gastos en publicidad y distribución eran una cifra equivalente. De hecho, la mala recepción en nuestro país fue tan rotunda que para verla ayer tuve que ir a un cine a 34 km de mi casa porque en la mayoría de las salas la habían levantado de cartelera.

¿Mentían los críticos en su alabanza exagerada o, como tantas veces, el público no había sabido valorar una joya de inigualable belleza?

La realidad

Con todas esas cosas en la cabeza, me senté ayer a ver “Blade Runner 2049” y ¿con qué me encontré? Con una película buena, incluso mejor que la mayoría que se estrenan actualmente pero que no está ni por lejos en el nivel de obra maestra que nos quiere vender la crítica. Paso a enumerar los aspectos positivos y negativos de la cinta:

Desde el punto de vista de la imagen, te explotan los ojos. Pero no por los efectos especiales que, por suerte, no abundan innecesariamente sino por un trabajo magistral de escenografías (reales… no de telas verdes) y fotografía. Algunos dirán que el ritmo de la película es lento pero se aprecia porque uno disfruta de cada imagen como si fuera un cuadro. No me extrañaría que Roger Deakins gane algunos premios por su trabajo en este filme. Lo único que puedo criticar en el aspecto visual es que en los escenarios “naturales” siempre hay una niebla que no te deja ver a más de cuatro metros. Es cierto que esa podría considerarse una característica estética de la “Blade Runner” original pero la diferencia radica en que la primera nunca salía de la abigarrada ciudad de Los Ángeles. Estaba oscuro, lluvioso, había niebla, humo etc… pero igual no se podría ver más lejos porque había gente, autos, edificios que llenaban toda la pantalla. Acá, incluso en el desierto de Nevada, la visibilidad siempre está reducida por niebla como cuando le bajabas la distancia de dibujado al Minecraft para que te corra más rápido.

Otro elemento que seguramente a todos los fans nos habrá gustado son las referencias explícitas a la primera película. Fragmentos de audio, de imagen, la música (que no es de Vangelis pero por momentos lo evoca perfectamente), el primer plano del ojo y hasta las letritas que explican qué cosa es un replicante al comienzo. Cada uno de esos detalles es un orgasmo para los tipos que le rendimos culto a “Blade Runner” desde hace décadas. Ni hablar de la aparición de Harrison Ford. Fanservice del bueno.

Siguiendo con los aciertos plenos, no podemos dejar de mencionar un reparto bien elegido y muy funcional al argumento en el que, para mi sorpresa, destaca Ana de Armas. Para mi era una perfecta desconocida pero su belleza y la gran interpretación que tiene en el film logran convencerte de que es un holograma. Algo tan perfecto simplemente no puede ser real.

Y ya toca entrar en el elemento que, a mi juicio, hace que esta “Blade Runner 2049” no sea la joya perfecta que predican sus partidarios más extremos: la historia.

El guión le dá una vuelta de tuerca perfecta a algunos de los temas principales que aborda la película de 1982. No voy a decir más para no spoilear pero esa dicotomía central humano/androide, aparece aquí planteada de una forma nueva, atractiva y completamente coherente con la obra original. El problema (y lamentablemente es un problema muy grande) es que esta nueva película no propone una expansión del universo original en la medida que lo requiere la historia sino mucho más allá. Como si después de treinta y cinco años no se propusieran hacer una secuela sino dos o tres o siete más.

Antes había dicho que la “Blade Runner” original ocurría íntegramente en la ciudad de Los Angeles. La nueva además nos muestra la zona agrícola a las afueras de California, San Diego y Las Vegas. En cada uno de esos lugares aparecen personajes secundarios que después desaparecen sin más. En muchos casos, ni siquiera llegan a comprenderse bien sus motivaciones y el rol que van a representar dentro del conflicto. Incluso se abren líneas argumentales que no llegan a resolverse.

Si costó tanto hacer una secuela es principalmente porque la película poseía una estructura argumental super simple pero a la vez muy prolija y redondita. Cuando se cerraba la puerta de ese ascensor, uno se quedaba con la idea de que no había quedado nada por decir porque la trama había cerrado perfectamente. Por desgracia, esta secuela no posee tales virtudes. Es más, diría que el final nos deja con más plots abiertos que cerrados.

Al espectador de algunas franquicias actuales como el MCU, tal vez esto le resulte común. Solo es cuestión de esperar a la próxima película para ver como sigue la historia. La diferencia es que el MCU tiene a Disney atrás y viene pegando un éxito de taquilla tras otro. Con el tremendo fracaso comercial que resultó esta “Blade Runner 2049” lo más probable es que nunca tenga una continuación y todas esas tramas queden abiertas para siempre.

Es una pena porque fue un error completamente innecesario. Con sólo recortar algunos de los elementos que se incluyeron pensando en una tercera parte, hubieran tenido una película más corta, más ágil y estructuralmente más prolija. Dentro de unos años, si sale la versión del director, en vez de escenas extras tendría que venir sin todas las que están de más.

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