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Las mejores adaptaciones cinematográficas de Shakespeare

Or not to be?

Las mejores adaptaciones cinematográficas de Shakespeare

Desde que existe el cine, se ha nutrido abundantemente de la literatura a la hora de seleccionar las historias que llevar a la pantalla. Curiosamente, aunque el teatro puede parecer el género más susceptible de ser adaptado porque ya está pensado en términos de representación, no ha sido el más elegido ni el que obtuvo los mejores resultados. Cuentos, novelas y, últimamente, incluso comics han sido adaptados en mayor proporción y con más éxito.

Pero toda regla tiene sus excepciones y en este caso es Shakespeare. La calidad inmortal de sus obras y (a que negarlo) la chapa que aporta a cualquier producción han hecho que casi todos los grandes cineastas se sintieran tentados a probar suerte con el cisne de Avon.

Hoy quisiera hacer mi primera incursión en la columna de Intertextualidades con las que, a mi juicio, son las mejores adaptaciones de Shakespeare a la gran pantalla. Pero en este juego (no creo que hacer un top ten shakespireano pueda considerarse de ninguna otra forma que como un juego) quiero dejar las reglas claras: El orden es cronológico; no propongo más de una adaptación de la misma obra; solo vale jugar con una copia de Kenneth Branagh porque adaptó un montón de textos del autor y todos con una calidad tremenda. Aclarado eso, lo demás es mi pura subjetividad con la que están en entera libertad de diferir y expresarse en la cajita de comentarios.

Vamos a ello.

“Campanadas a medianoche” de Orson Welles (1965)

La más vieja y, curiosamente, la que vi más recientemente. Es una de esas películas que tuvo quilombos con los derechos por lo que era prácticamente inconseguible hasta que hace un par de años resolvieron los temas legales y se relanzó en versión remasterizada. En realidad, no adapta una obra en particular sino que sigue al hermoso personaje secundario de Sir John Falstaff (viejo borracho y putañero interpretado por el propio Welles) en sus apariciones en los diferentes dramas históricos en los que aparece. Es decir, las dos “Enrique IV” y “Enrique V”. Aunque ya que estábamos mezclando, también toma diálogos de “Ricardo II” y alguna de las comedias.

Es magistral el cambio que opera en el espectador el desplazamiento de la perspectiva de los grandes personajes históricos a este bufón de segunda fila. No digo más para no spoilear una película de 1965 pero ya se imaginarán que la relación con el rey Harry rompió mi corazón.

Parece que Welles amaba el personaje de Falstaff y ya lo había interpretado en teatro en varias oportunidades. Algunas personas cercanas al director incluso afirman que se identificaba personalmente con él. No lo sé pero lo que hace en esta película es una clase maestra. Imperdible.

“Macbeth” de Roman Polanski (1971)

Esta es mi tragedia favorita del bardo y tiene muchas adaptaciones consideradas geniales. Incluso la más reciente (Justin Kurzel 2015) es, cuanto menos, digna. Así que lo tuve difícil para elegir una pero, bien analizado, no dudo de mi elección.

Polanski venía de pegar su primer gran éxito “El bebé de Rosemary” en 1968 pero también venía de sufrir el asesinato de su esposa embarazada a manos de Charles Manson. Es difícil imaginar el estado emocional en el que el director rodó esta película y no pretendo hacerlo. Solo diré que es una de las adaptaciones más fieles de “Macbeth”. La obra original no necesita ningún agregado para ser un verdadero festín de locura, sangre y caos. La angustia ante lo absurdo de la vida y de la muerte ya estaba impresa con tanta fuerza en la obra de Shakespeare que lo más chocante que podía hacer Polanski es mantenerse fiel al texto y el espíritu del original.

Los escenarios galeses (con algunos castillos que transmiten a la perfección el ambiente medieval) y una gran interpretación de Jon Finch que logra transmitir la degradación del protagonista en los abismos de la maldad y la locura, completan esta joya indiscutible.

“Ran” de Akira Kurosawa (1985)

¿Qué decir de “Ran” o de Kurosawa que no se haya dicho infinidad de veces? Muy poco, sin dudas.
A pesar del desplazamiento tempo-espacial que nos lleva al Japón y a un conflicto entre los señores feudales de la era Sengoku (que parece que no es lo mismo que Son Goku), la trama remite de manera ineludible al genial “Rey Lear”. Pero no es solo la historia, también el expresionismo de Tatsuya Nakadai y el tono trágico y sanguinario de la obra en general (vas a ver muertos y sangre hasta que se inunde la pantalla) es muy shakespireano.

Por su parte, Kurosawa es el dios de la imagen y la fotografía con algunas tomas que pueden ir desde la belleza más delicada hasta la violencia más cruda y explícita. Algunas escenas como la del asesinato del séquito de Hidetora o el incendio del castillo ya forman parte de la historia del cine. Como detalle de color, “Ran” fue en su momento la película más cara producida en Japón.

“Enrique V” de Kenneth Branagh (1989)

Esta fue una apuesta difícil porque es la más épica y nacionalista del autor. De hecho, la obra pocas veces se representa fuera de Inglaterra. No obstante, la habilidad de Branagh para trasladar a Shakespeare a la pantalla logró lo que parecía imposible: que público de todas partes del mundo disfrutara y se conmoviera con la batalla de Agincourt, que no es más que un fragmento de historia inglesa.

Como ya dije, la relación de Branagh con Shakespeare ha sido tan fructífera que tuve que limitarlo porque si no me copaba el ranking. Entre todas las películas que dirigió (y en muchos casos como este, también protagonizó), elijo esta porque fue la primera y porque con un presupuesto relativamente modesto para tanto ejército que había que representar, logró un resultado extraordinario y multipremiado.

“Hamlet” de Franco Zeffirelli (1990)

Sé que acá me van a llover palos pero me la voy a jugar. Zeffirelli es un director de carrera irregular que ha tenido en sus manos desde grandes producciones hasta películas para TV. Aún así es un artista y un laburante muy digno con algunos momentos brillantes. Pero ¿Mel Gibson? ¿En serio me querés defender el Hamlet interpretado por Mel Gibson por encima de, por ejemplo, Kenneth Branagh?

Sí. Por varios motivos que paso a detallar: No me gusta la ambientación Victoriana del “Hamlet” de Branagh. Me parece mucho más acorde la ambientación medieval que le da Zeffireli. Glenn Close tiene una interpretación soberbia. Se come la película. Y esa relación medio incestuosa que tiene con el hijo le aporta una vuelta de tuerca muy jugosa a la historia. La música de Ennio Morricone no está a la altura de genialidades como “La Misión” pero siempre suma y deleita al público.

Quiero conceder una mención especial en la categoría “Hamlet” para “Rosencratz y Guildertein están muertos” del mismo 1990 donde los geniales Gary Oldman y Tim Roth encarnan a estos dos personajes secundarios que no entienden nada de lo que le pasa al buen príncipe de Dinamarca y sus disparates.

“Romeo+Julieta” de Baz Luhrmann (1996)

Y ya que estamos recibiendo palos, nos mandamos a fondo. Probablemente, “Romeo y Julieta” ha sido la obra de Shakespeare con más adaptaciones cinematográficas ¿Por qué quedarnos con esta? Tengan en cuenta que por aquel entonces a Di Caprio solo lo considerábamos un carilindo y no había alcanzado el amplio reconocimiento de público y crítica que tuvo después de que lo violara un oso. La verdad es que la estética de la película me vuela la cabeza; tiene un reparto de secundarios (John Leguizamo, Harold Perrineau, Pete Postlethwaite, Brian Dennehy) tremendo y perfectos para cada papel y el salto temporal que traslada la acción a dos familias mafiosas de Verona Beach rinde cada segundo de película.

Es verdad que “West Side Store” (1961) ya había tenido la idea de trasladar el conflicto de “Romeo y Julieta” a dos bandas rivales enfrentadas. Incluso había unos que parecían latinos y otros gringos como en la peli del 96… pero hay algo que hace a la versión de Luhrmann infinitamente superior: no es un jodido musical de mierda.

“Buscando a Ricardo III” de Al Pacino (1996)

Esta es un poco una rareza. Al Pacino se está preparando para encarnar a Ricardo III, estudia el guion, trata de entender al personaje, ensaya e incluso graba fragmentos de la obra. De modo que toda la película es en parte una versión del clásico de Shakespeare y en parte una reflexión sobre el desafío que representa para un actor enfrentarse a una obra de esa magnitud.

Podríamos decir que en más de la mitad de la película, Al Pacino hace de sí mismo y en las dudas que le van surgiendo sobre como construir su personaje, va conversando con otros actores como Kevin Spacey o Winona Ryder que le van aportando su visión para lo que termina siendo un gran homenaje al increíble valor que tiene la obra de Shakespeare para toda la cultura occidental.

Linda la peli por la propuesta experimental y por Pacino que se da el gusto no solo de actuar sino también de escribirla y dirigirla.

“Titus” de Julie Taymor (1999)

Acá quiero rescatar una joya oculta. Esta película fue muy poco reconocida y casi diría que pasó por los cines sin pena ni gloria. Tal vez cumplía un poco el destino de la obra original, “Tito Andrónico” que nunca fue tan reconocida como otras tragedias de Shakespeare.

Si en otros momentos de este artículo dijimos que algunas obras son extremadamente violentas y hasta sanguinarias, “Titus” lleva estas características a la exageración y hasta el gore.

Como en otras de las películas mencionadas, hay un nombre propio que se lleva el gato al agua y, en este caso (aunque la dirección es muy buena y la producción también), ese nombre propio es Anthony Hopkins. No hay nada que hacerle… tengo debilidad por el viejo y logra conmoverme en todas sus interpretaciones. En este caso, su actuación es gloriosa pero ¿cuándo no lo es?

Julie Taymor intentará repetir Shakespeare en 2010 con “La Tempestad” pero si “Titus” fue un fracaso de público, su nueva aproximación al bardo de Avon directamente no convenció a nadie.

“César debe morir” Paolo y Vittorio Taviani 2012

Si habíamos dicho que la estructura de “Buscando a Ricardo III” era rara y experimental, esta “César debe morir” consigue darle una vuelta de tuerca a ese recurso. La gran cinta de los hermanos Taviani comienza con la representación teatral de “Julio César” en lo que parece ser una función común y corriente. Alguna reflexión sobre el poder, quizás algo extemporánea, pero nada demasiado llamativo… Hasta que al finalizar la función nos damos cuenta que el público y los actores son vigilados por guardias que los conducen de regreso a sus celdas.

Ahí la película pasa a blanco y negro, el tiempo retrocede y lo que sigue es una especie de documental con el trabajo que hace el director teatral Favio Cavalli en el taller de teatro de una cárcel de Italia y que culminará con esa representación que vimos al comienzo de la película.

Todo el elenco se compone de convictos a los que vamos a seguir desde que se presentaron a audicionar para los papeles. Y ahí, el plano de la realidad irrumpe como un mazazo sobre la ficción porque inevitablemente, cada palabra de Shakespeare se resignifica desde que la sabemos dicha por estos hombres que, tal vez, no sepan mucho de actuación pero sí del poder, la violencia y la muerte que buscan escenificar.

Una apuesta jugadísima con un resultado único para una adaptación de Shakespeare.

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Escrito por:
Facundo Vazquez
Guía su vida por el bushido y la frase de Benjamin "Ustedes nunca vieron morir a un burro".
Facundo Vazquez
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