Neurosis en Buenos Aires

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Neurosis en Buenos Aires

La bestia monolítica llega a la Argentina

Neurosis en Buenos Aires

Son tiempos extraños. Productores millonarios cancelan giras de éxito asegurado por ataques de altruismo, y otros tantos hacen movidas suicidas para traer bandas oscuras a tocar en espacios donde la garantía de ir a pérdida es casi absoluta.
Esto último se puede decir del acontecimiento que unos cuantos mortales presenciamos el sábado pasado, en el teatro Vorterix, de la mano de Neurosis. Una de las propuestas más trascendentales, no solo del metal extremo, sino de la música en general.

Formados a mediados de los 80s de las raíces de Violent Coercion (uno de los tantos grupos dentro de la ebullición del hardcore punk estadounidense), los californianos supieron destacar gracias a su interesante progresión (que para muchos empezó con la incorporación de Steve Von Till a finales de la década), y el lanzamiento (tres años después) del fundamental Souls at zero.

La banda empezó pagando tributo a clásicos de culto como Amebix y Black Flag, pero su propuesta mutó a algo mucho más oscuro, opresivo y emocional, tomando las lecciones de bandas como Swans y Melvins (entre otros exponentes), con una mezcla estremecedora de música progresiva, Doom, Hardcore, Ambient y toques de Folk.

Este sonido fue tan personal que generó discusiones sobre como rotularlo: algunos llamándolo sludge atmosférico, Post Metal, o simplemente el sonido “Neurosis”.

Encasillamientos más, encasillamientos menos, el sonido de la banda de Scott Kelly tuvo tal influencia, que al día de hoy fue parte de todo un movimiento underground (de los cuales ellos mismo contribuyeron personalmente en su desarrollo, a través de su sello, Neurot Recordings) y hasta de bandas que han trascendido gracias a la influencia de los de Oakland (Como Mastodon y Gojira, respectivamente).

Y luego de 32 años de su conformación como banda, finalmente pisaron suelo argentino, presentando Fire within fires, su último disco. Esto fue en el marco del festival Noiseground, que año a año, invierte en la promoción de bandas de Doom, stoner y Sludge/aledañas pero no solo nacionales, sino también internacionales.

El contraste entre las altas temperaturas de aquel sabado 9 de diciembre a las 19 hs., con el clima de expectación que llevaron a un número generoso (pero no abusivo) de entidades físicas al teatro de Pergolini, fue bastante generosa para lo que uno esperaba de una propuesta tan oscura y visceral.

Steve Von Till

Las bandas que abrieron la faena fueron Montañas y Sanador, mostrando propuestas bastante acordes al evento, donde la introspección y los acoples fueron más que bienvenidos como entrada para el plato fuerte.

Recién un poco pasadas las 21 hs., la banda disparó el sample que precede a Lost, tema que da inicio a Enemy of the sun, uno de sus discos insignia de la banda.

Durante casi dos horas de recital, la banda demostró que su propuesta en vivo tiene una carnadura que ni en los discos uno podría imaginar. El despliegue de los músicos fue excepcional.

Sin mediar palabra con la audiencia, los músicos se mostraron en un trance hipnótico, muy a la par de la música que crearon.

Tal vez el más estático y con menos espíritu de showman fue su eterno líder Scott Kelly, que se relegó a tocar la guitarra y acompañar con sus respectivos rugidos junto a su compañero de guitarra Steve Von Till y el el bajista de los teñidos capilares de colores llamativos, Dave Edwardson.

 

Scott Kelly

Párrafos aparte para el baterista Jason Roeder, mostrando sus cualidades a la hora de crear ritmos tribales e hipnóticos, como del tecladista y maquinador de sonidos de pesadilla Noah Landis, con un despliegue que mezcla entre lo disciplinado y lo demente.

Afortunadamente, el sónido de Vorterix acompañó en la experiencia, pese a las ocasionales bolas de ruido, que por suerte fueron las menos.

Entre riffs gordos y acoples, la banda hizo un repaso por varios de sus discos que marcaron su identidad desde principios de los 90s.

Destacaron The Web, Locust Star (tal véz lo más cercano que tienen a un hit), la cuasi balada folk Broken Ground y el final asesino con The doorway, donde todo terminó a base de una pared de feedback y ruido demoledora.

Neurosis se despidió de Buenos Aires y vino como se fue, confirmando que siguen siendo una banda relevante y mucho más. Solo aquellos que hayan participado en la vorágine de desolación sonora de aquel sábado de diciembre, lo entenderán a plenitud.

  • Video cortesía de Walter de Prion
  • Fotos cortesía de Rocktambulos
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Escrito por:
Mariano Lastiri
Mariano Lastiri
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