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Cuando el presente del Hip Hop marca el futuro de la comedia

Atlanta

¿Una carta de amor a la cultura "nigga" o una crítica desde adentro? Bueno, quizás un poco de las dos. Atlanta es una comedia televisiva, sí. Y en mi opinión, excelente en cada aspecto: actuaciones, puesta en escena y narrativa.

El gran cerebro detrás de esta producción es Donald Glover, un actor a quien muchos conocieron por su papel como Troy Barnes en Community, serie que abandonó para enfocarse en su labor musical. Para encarar su carrera en el Hip Hop, Glover adoptó el alter ego de Childish Gambino. Con tres discos editados (y muchos EPs y mixtapes), Gambino se convirtió en uno de los íconos del nuevo Hip Hop, junto con Frank Ocean, Tyler The Creator, Vince Staples y varios otros. Tal vez la contracara del Trap (súbgenero nacido justamente en la ciudad de Atlanta y basado en los principios "bitches-drugs-money" -putas-drogas-dinero-), el nuevo Hip Hop propone un enfoque novedoso tanto en lo musical como en lo lírico, tratando temáticas como la identidad cultural, el racismo, la sexualidad y la realidad social desde una mirada a menudo ubicada entre el existencialismo irónico y la comedia absurda.

Esta forma de encarar la música parece encontrar su equivalente audiovisual en Atlanta. Donald Glover no solo ejerce como showrunner y protagonista, sino que también escribió y dirigió algunos episodios. El resultado fue una primer temporada de diez capítulos estrenada en 2016, en donde viajamos a la ciudad cuna del Trap para conocer la vida diaria de Earn (Donald Glover), un hombre sin casa y sin trabajo, rechazado por sus padres, con una hija que mantener y una novia con la que va y viene. El panorama promete cambiar cuando en el primer capítulo, Earn decide ser el representante de su primo Alfred y meterlo en el mundo del Trap con el nombre artístico de Paper Boi. La expectativa entonces es la de una serie que muestre su camino al éxito, ¿no? Bueno, no. Lo que sigue a lo largo de la temporada es una serie de situaciones más o menos absurdas que juegan con el espectador tanto para prever el futuro de los eventos (que se tornan dramáticos cada tanto) como para construir los chistes. Una fórmula para nada fija, que se presta para toda clase de situaciones y que le valió el buen reconocimiento de la crítica.

A Earn y Paper Boi se les suma Darius, un random total interpretado por Keith Stanfield (Snoop Dogg en Straight Outta Compton, L en la vapuleada Death Note de Netflix) que parece no tener otra cosa que hacer más que acompañarlos en ir a eventos, hacer negocios y sentarse a fumar y hablar boludeces. Todo el reparto está compuesto por afroamericanos y cada vez que vemos un actor blanco es por alguna razón especial. Este componente racial está tan potenciado que termina siendo usado para la comedia, como en el capítulo en el que Paper Boi tiene un partido de básquet con Justin Bieber, y cuando éste aparece nos encontramos con que está interpretado por un nigga más.

Ya es sabido por todos el buen momento que está pasando la ficción televisiva, con una gran cantidad de series aplaudidas por el público y la crítica, lo que está llevando a que los productores apunten a contenidos cada vez más novedosos y creativos. FX es el canal que le abrió sus puertas a Glover para contar esta historia en parte biográfica y también autorreferencial, no solo a su carrera como Childish Gambino sino también y más importante, a él como miembro de una comunidad afroamericana que en los Estados Unidos contemporáneos a la presidencia de Donald Trump, se encuentra en un momento de (re)significaciones muy fuertes. Esto es algo presente en todo momento, Atlanta abraza la cultura nigga: costumbres, palabras, música; pero frecuentemente les da un giro o las utiliza para hacer observaciones bien ácidas. Concretamente, el capítulo 7 hace un análisis paródico del tratamiento mediático que se le da a las comunidades afroamericanas y transgénero, mediante una entrevista en televisión a Paper Boi (con unas publicidades brillantes incluídas).

Otro aspecto destacable es la forma en que se construyen los chistes, siempre jugando con la expectativa y en ocasiones desarrollándolos a lo largo del capítulo, formando un ‘efecto bola de nieve’ que se acumula hasta estallar al final (como ocurre con el ‘auto invisible’, para el recuerdo). Con respecto a la continuidad de la serie, más allá del primer capítulo, los demás pueden verse sin un orden estricto. Veremos si en la segunda temporada se retoman algunos asuntos que quedaron sueltos (que los hay, aunque acorde al espíritu de la serie no debería sorprender si esto no se cumple).

Con respecto a esa segunda temporada, se espera para el 2018, aunque de momento no hay una fecha exacta. La demora se debe principalmente a los muchos compromisos tanto musicales como actorales que tuvo y tiene un Donald Glover, ya muy inmerso en los medios mainstream: Lando Calrissian en la película de Han Solo próxima a estrenarse, Simba en la nueva versión de El Rey León, y un rol pequeño en Spider-Man Homecoming, pero que parece asegurarlo para sus continuaciones. Entre tantas superproducciones, es imaginable que Atlanta sea su cable a tierra, aquella conexión con sus intereses personales y que le garantice una mayor libertad artística.

Experimental pero sencilla, salida del under pero estéticamente prolija, trascendente pero sin ser pretenciosa; Atlanta no es solamente una serie recomendable para aquellos interesados en la cultura Hip Hop actual, sino también para quienes busquen nuevos enfoques a la comedia.

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Escrito por:
Julian Vega
Expulsado de la Escuela Xavier para Jóvenes Dotados por dormir en clase.
Julian Vega
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