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Riverdale

Por: Julian Vega - 13 Nov 2017 Se lee en: 6 mins

Estados Unidos, principios de la década del 40. El término adolescente comienza a ser usado para asignar un sector demográfico que sirve de puente entre la niñez y la adultez y, como tal, demanda sus propios consumos culturales. El editor John L. Goldwater y el dibujante Bob Montana, de la por entonces intrascendente editorial MLJ Comics, idearon un personaje que se convertiría en el arquetipo del adolescente estadounidense: Archie Andrews. El personaje, junto con su elenco en constante expansión, no tardó en ganar un éxito masivo y la editorial se rebautizó como Archie Comics.

Betty y Arch... digo, Judy Garland y Mickey Rooney. Influencias notorias en los diseños originales.

Archie encarnaba al muchacho ideal del american way (atlético, simpático, respetuoso de las autoridades, buen amigo, ganador con las minas, y por supuesto, blanco). Quizás tener un protagonista tan determinado le permitió a los personajes secundarios tomar brillo propio. Estaba su mejor amigo Jughead Jones, inteligente, vago y amante de las hamburguesas. Betty Cooper y Veronica Lodge, probablemente los personajes más interesantes del elenco debido a su condición de mejores amigas pero eternas pretendientes de Archie, lo que siempre las dispone a una competencia digna de rivales. A lo largo de más de 70 años de publicación el pueblo de Riverdale recibió un reparto en constante expansión, con algunos personajes que terminaron cobrando brillo propio como el grupo musical Jossie And The Pussycats y Sabrina la Bruja Adolescente, quien con el tiempo se volvería protagonista de una popular sitcom televisiva.

Archie y los suyos contaron con numerosas adaptaciones animadas a lo largo de estos años (aunque la única en tener éxito fue la de los 60, en parte por el recordado hit Sugar, Sugar) y una infame película para televisión de 1990 titulada To Riverdale and Back Again, en la que un montón de treintañeros (según el guion, en realidad creo que iban para los 40) nos contaba una reunión de Archie y sus amigos después de mucho tiempo, alcanzando por momentos unos niveles de vergüenza ajena realmente altos.

Con tal antecedente, es fácil comprender por qué pasó tanto tiempo hasta que se realizó otra adaptación live-action como lo es la actual Riverdale. Tuvo que ocurrir primero toda una renovación en los comics de Archie, y esto arrancó cuando Roberto Aguirre-Sacasa asumió el puesto de Director Creativo luego de un año guionizando los más que recomendables Afterlife With Archie y Chilling Adventures of Sabrina, ambos comics más cercanos al género del terror que a las clásicas aventuras cotidianas de Archie. Al tomar el mando, Aguirre-Sacasa impulsó un relanzamiento completo del universo del pelirrojo, empezando por el título principal de Archie con guiones de Mark Waid (Kingdom Come, JLA, Daredevil y un largo etcétera) y dibujos de Fiona Staples (Saga) quien se destacó con unos rediseños muy bien logrados, aunque solamente realizó los tres primeros capítulos. A este relanzamiento le seguirían Jughead (de Chip Zdarsky y luego Ryan North), Betty & Veronica (de Adam Hughes), Reggie and Me (de Tom DeFalco) y Josie and the Pussycats (de Marguerite Bennett, al día de hoy el único título aparte de Archie en no estar finalizado).

La cuestión es que este relanzamiento despertó un nuevo interés, atrayendo a nuevos y viejos lectores por igual, y artistas destacados del mainstream como ya se mencionó. Por fin Archie vivía en el siglo XXI… y esta actualización no pasaba solo por cambiarle la ropa, darle un celular y meter algún personaje negro o LGBT, sino que lo que este comic necesitaba era un cambio estético y narrativo acorde a los nuevos tiempos. Waid aporta una dosis de drama adolescente que funciona realmente bien, sin dejar de lado el aspecto cómico y relajado que caracterizó a estos personajes desde siempre. Staples y los numerosos dibujantes que la sucedieron cambiaron de raíz la estética, no solo con los diseños, sino también dejando atrás la puesta de página tradicional y demás aspectos visuales ya casi ortodoxos, que históricamente habían sido parte de la esencia de este comic. Podría decirse que un reboot hecho a conciencia, con los cambios justos y manteniendo el respeto por la obra original.

El éxito acompañó, el interés por la televisión se reavivó. Luego de andar a las vueltas con Fox finalmente Aguirre-Sacasa cerró la idea con el canal The CW, hogar del Arrowverse y en sintonía con el mismo productor, Greg Berlanti. The CW es una señal con un target muy definido: adolescentes. Por lo que una adaptación de Archie fue una buena decisión de su parte. Con lo que venía escribiendo Waid ya tenían los guiones medio hechos pero, si bien tiene una influencia innegable, los productores decidieron hacer de Riverdale un producto más “serio”, “oscuro” y “arriesgado” (nótese las comillas). ¿Funcionó? Desde su estreno a principios de 2017, en Estados Unidos se recibió más que bien por parte del público juvenil. ¿Está bien hecho? ¿Sigue siendo Archie esto? ¿Me voy a aburrir viéndolo si ya soy un boludo grandote? Bueno, vamos por partes.

La primer temporada arranca planteándonos la clásica situación de “el misterio en el pueblo”: un muchacho aparece muerto y al avanzar la trama se nos presentan distintos sospechosos. En el medio de este asunto conocemos a los protagonistas, y acá es importante destacar que no por nada la serie se llama “Riverdale” y no “Archie” ya que el protagonismo es subjetivo y repartido entre los cuatro protagonistas dependiendo de cada capítulo. Archie Andrews es parecido a su versión dibujada, aunque con un físico bastante más atlético y una personalidad un poco más seria. Acá parece que no tiene tanto tiempo para los gags y hacer boludeces (ni siquiera tiene diálogos o situaciones cómicas), sino que está enfocado en el entrenamiento, la música y las minas, que en los primeros capítulos se van alternando hasta que para el final de la temporada se pone en algo serio con una (no te pienso decir quién). Sus padres acá están separados, el padre tiene algo más de importancia en la trama y ejerce como un ejemplo moral para Archie, mientras que la madre no hace más que aparecer en un par de capítulos interpretada por… Molly Ringwald! (la colorada de The Breakfast Club)

Jughead es el único personaje principal interpretado por un actor más o menos conocido (Cole Sprouse, recordado por ser el nenito que adoptaba Adam Sandler en esa película que daban siempre en la tele) y uno de los más cambiados: siempre fue un raro, pero acá se lo lleva más para el lado del marginado antisocial e interesado por el arte y los misterios. En los primeros capítulos no figura mucho, pero luego lo van desarrollando y vemos que más o menos mantiene la esencia… usa siempre el gorro con forma de corona y se la pasa comiendo hamburguesas (bueh, no era tan difícil). Algo que sí se le cambió es que acá ya no es asexual, condición que Chip Zdarsky se encargó de blanquear oficialmente en su comic.

Betty Cooper es la personificación del arquetipo de la girl next door: amable, bonita, modesta, inteligente… pero mientras más la conocemos más notamos que está cansada de su situación de chica perfecta y busca nuevas experiencias. Su intérprete, Lili Reinhart, se destaca en el reparto por entregar un personaje profundo, lleno de matices y emociones ambivalentes. Con el tiempo vamos observando que la estabilidad mental de Betty no es lo que ella demuestra y da curiosidad ver hacia donde conducen al personaje en el futuro.

Veronica Lodge se acaba de mudar a Riverdale, al igual que en el comic proviene de una familia millonaria pero acá es de ascendencia latina y su familia está metida en negocios turbios. Se respetan los aspectos más importantes: siempre viste de violeta y es básicamente una cheta creída… peeeero, enfocada en reinventarse para ser una persona más amable. Se nota que hay un esfuerzo de parte de los guionistas para volverla un personaje un poco más profundo que el del comic, aunque a veces se quedan a medio camino y más si la comparamos con Betty.

Estilo clásico... un vistazo a lo que pudo ser y no fue

Con los cuatro protagonistas ya presentados, la serie avanza mezclando situaciones típicas del drama juvenil (asuntos familiares, bailes, amoríos, salidas, conflictos) con indicios del crimen que cada vez se va volviendo más enroscado a lo largo de los 13 episodios que componen la primer temporada. Para la segunda (en actual emisión y con la anunciada cifra de 22 episodios) se nos presenta un nuevo panorama: hay un asesino suelto en Riverdale y está amenazando a personas cercanas a Archie. Aun así, las escenas que más se destacan son las que profundizan en las relaciones entre personajes, los cuales fueron evolucionando de a poco y cada tanto los encontramos en situaciones y contextos distintos. Podría decirse que la serie no es para nada estática, muy en diferencia con los comics clásicos a los que de todas formas homenajea constantemente. Las referencias abundan y son un guiño frecuente para los fans: una escena onírica en la que los personajes usan su vestimenta original, un cover de Sugar, Sugar a cargo de las Pussycats, referencias a la línea superheróica de Archie Comics (Red Circle, Black Hood), e incluso una escena en la que Veronica le dice a Jughead “feliz cumpleaños Torombolo” (así, en español y refiriendo al nombre usado en la traducción hispana)

Como adaptación, Riverdale ciertamente tomó sus riesgos. Trató de llevar el mundo de Archie y sus amigos a la generación Instagram y estéticamente eso está muy bien logrado. Narrativamente implicó por un lado desarrollar la vida sexual de sus personajes y acá es donde se nota la bajada de línea bien tradicional, ya que acá las relaciones sin responsabilidad siempre conllevan repercusiones negativas. Lo mismo puede decirse de aspectos como las drogas, la conducta rebelde y la delincuencia, todo tiene un dejo de moralina que no siempre se condice con la estética de la serie.

Riverdale cuenta con buena cantidad de público y una base de fans creada por cuenta propia. Hoy podemos decir que el mundo de Archie es tan popular como lo era en los 60, o incluso más. Sin señales de cancelación o finalización (habrá que ver qué pasa cuando los actores y actrices superen la barrera de los veinte y algo) y con un spin-off dedicado a la bruja Sabrina recién entrando en producción, se nos asegura que hay historias para rato. Para quienes busquen una buena dosis de drama adolescente y un poco de misterio, es un producto recomendable. Pero también lo es para los lectores del comic, a quienes les presenta una versión que lleva a sus personajes a un contexto más “realista” y dramático. (¿Faltará mucho para una adaptación del Afterlife With Archie?)

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