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Westworld

¿Sueñan los cowboys con ovejas eléctricas?

Westworld

El pretexto oficial

El año pasado, cuando HBO anunció que realizaría una serie con las actuaciones de Anthony Hopkins y Ed Harris, a muchos se nos hizo agua la boca (o la parte del cuerpo por la que prefieran segregar fluidos para expresar felicidad). Debo confesar que en ese momento, yo no conocía la película original pero me apuré a verla para estar preparado de cara al estreno de la serie.

La película de 1973 no podía resultarme menos prometedora. Si bien los efectos especiales eran buenos para la época y fue la primera en incluir imágenes generadas por computadora, el argumento y las actuaciones pateaban en contra. Para ser justo, hay que admitir que mi opinión del filme es completamente extemporánea ya que me pareció una mala mezcla de “Terminator” y “Jurassic park” pero en 1973 ninguna de las dos películas existían así que, tal vez, la “Westworld” original fuera mucho más creativa de lo que le pueda parecer al espectador actual.

Breve sinopsis argumental: En el futuro existen tres parques temáticos que recrean la Roma imperial, la edad media y el lejano oeste. Los visitantes interactúan con robots prácticamente imposibles de diferenciar de los seres humanos y que aportan los personajes secundarios y el telón de fondo para que puedas vivir tu propia aventura. En un momento, los robots dejan de obedecer a su programación y (¡Oh! ¡Sorpresa inimaginable!) empiezan a matar a todos los turistas.

Ya sé, la sinopsis viene con spoiler pero no demasiado si consideramos que en nuestro país la película se estrenó como “El mundo de los robots asesinos”.

Flores en el desierto

Afortunadamente, la serie estrenada en octubre de 2016 fue muy superior a la película de la cual apenas toma el concepto inicial. Pasemos a analizar sus principales aciertos:
El primero es el más obvio: los actores. Cada vez que aparecen en escena Ed Harris o Anthony Hopkins es una maldita epifanía cósmica. Los tipos tienen un talento y una experiencia en su arte que se sale de todas las escalas. Te agarran de la nariz y te llevan a donde se les da la gana, construyendo a sus personajes de manera impecable y sin sobreactuar jamás ni un gesto. Un lujo.

Evan Rachel Wood lleva a cabo una actuación difícil y muy correcta. De una belleza clásica y casi naif, resulta una elección perfecta para el personaje de Dolores.

El cuarto actor que para mi completa el cuadro de honor de la primera temporada es Jeffrey Wright con uno de los papeles más jugados y mejor interpretados de toda la serie.

Otro diez absoluto en “Westworld” es la producción. Está en el nivel de las mejores superproducciones de HBO. Tal vez la historia no requiera de la espectacularidad de un “Game of Thrones” pero cada imagen, escenografía y elemento de utilería o vestuario está cuidado hasta en el último detalle. Los paisajes naturales son espectaculares y se notan los diez millones de dólares promedio que costó producir cada capítulo.

Del último de los aspectos positivos, curiosamente, se desprenden varios de los aspectos negativos. Aquel argumento simple y lineal de la película de los setentas ha sido desarrollado en la nueva serie hasta un nivel de complejidad mil veces más interesante. Cada uno de los personajes principales tiene sus propias motivaciones y su propia historia que se va entrelazando con las demás para formar el gran mosaico que es “Westworld”. Los elementos que componen la trama se articulan con maestría arquitectónica valiéndose de dos recursos fundamentales: la repetición y la fragmentación temporal.

Ocurre que la programación de los androides repite siempre los mismos loops por lo que es frecuente ver la misma escena una y otra vez con sutiles variaciones. Si a eso le sumamos que la historia tiene un nivel profundo que se reconstruye a través de flashbacks, el resultado es una obra que requiere de un espectador muy atento porque una escena repetida puede ser un momento que ya vimos, puede ser el día siguiente en el que los robots repiten el mismo loop o puede ser un flashback de hace años. Una delicia.

Palos en el salvaje oeste

Por suerte, la obra es excelente y los palos son menos que las flores:

La misma estructura recursiva que explicamos en el punto anterior puede hacer que el desarrollo de la acción resulte algo monótono y lento. Creo que en buena medida, esta primera temporada de “Westworld” adolece de un defecto que se viene repitiendo en muchas series: Abusa de la morosidad en el tempo del relato porque se propone como una obra de largo aliento. Todos los productores sueñan con pegar un éxito de muchas temporadas y no quieren poner toda la carne al asador de una. Yo no me quejo del ritmo narrativo cuando este es necesario para generar el clima y darle espacio a la construcción del ambiente y los personajes pero “Westworld” a veces simplemente parece que estirara los capítulos. Obviamente, después de varios episodios lentos, el final de temporada es espectacular, lleno de acción, revelaciones increíbles y fuegos artificiales porque hay que venderle al público la segunda temporada para la que tendrá que esperar más de un año o tal vez dos.

A esto se suma que no todas las historias que se entrelazan tienen el mismo nivel de atractivo e interés para el espectador. Personalmente, el plot protagonizado por Maeve (Thandie Newton) me resultó muy aburrido y, aunque es esencial para el conjunto de la trama, siempre estaba deseando que pasara rápido. Para colmo de males, en esta trama tiene un rol muy importante el personaje de Felix Lutz (Leonardo Nam), uno de los más inverosímiles y peor logrados de la serie.

El pretexto no oficial

Al comienzo aclaramos que esta nueva “Westworld” era una remake de la película del mismo nombre. También dijimos que la serie era muy superior sobre todo porque incorporaba un montón de temas y tópicos que hacían a esta nueva historia mucho más compleja, interesante y atractiva.

Los androides creados para el placer, las máquinas que parecen (y creen ser) humanos, el despertar de la conciencia, la creación que confronta a su creador, los recuerdos implantados, el humano que se enamora de la bella robot, la incertidumbre de no saber quién es humano y quién no, la pregunta existencial sobre lo que nos hace humanos… todos estos elementos se combinan en la nueva historia.

La cuestión es que si analizamos esos temas nos encontramos con que todos ellos ya estaban presentes (y magistralmente desarrollados) en “Blade Runner”. De hecho, las similitudes argumentales son tantas que más que una versión mejorada de “Westworld”, por momentos la serie parece una “Blade Runner” ambientada en el oeste.

En este punto se imponen dos preguntas ¿Realmente esta “Westworld” es un homenaje/afano de la cinta de Riddley Scott, o la influencia cultural de “Blade Runner” es tan grande que resulta una referencia ineludible para cualquier obra que aborde los mismos tópicos? y Más allá de las coincidencias, ¿aporta algo nuevo al género esta nueva producción de HBO?

No tengo respuesta para la primera pregunta pero creo que la segunda se responde con un “Sí” rotundo. Tal vez el aporte no sea tan notable en el nivel de la historia pero sí en el nivel del relato y el apartado visual. La duración de la serie y el formato episódico permiten trabajar con esa estructura narrativa maravillosamente compleja que describimos antes y es algo que nunca se había visto realizar con ese nivel de calidad. Además, la apuesta estética es radicalmente diferente a la de “Blade Runner” ya que mientras el filme nos mostraba un futuro de ambiente oscuro, opresivo y ciberpunk, la serie mezcla las imágenes de un futuro aséptico y super tecnificado con la recreación artificial del pasado donde los ambientes naturales del desierto americano nos brindan algunas fotografías de impactante belleza.

Sin dudas, hay que verla. Cuatro estrellas.

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Escrito por:
Facundo Vazquez
Guía su vida por el bushido y la frase de Benjamin "Ustedes nunca vieron morir a un burro".
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